6 de agosto de 2013

Retrotecno: Digital Compact Cassette (1992)

Logo del DCC (fines ilustrativos)
Para escribir de esta tecnología tendría que recordar cuando, para Navidad del año '94, mi viejo llegó a casa con un catálogo de electrónica de consumo de Philips. Lo usual: las nuevas líneas de productos para el próximo año y además un par de "nuevos productos". Esos eran el CD-i (un tipo de CD interactivo del cual probablemente escriba algún día) y un nuevo formato de cassette de audio: el DCC, siglas de "Digital Compact Cassette". Hoy me detengo en este último.

Cassette DCC con cinta y carretes expuestos
El nombre se cae de obvio y deja en completa evidencia que Philips lo pensó como un sucesor del Compact Cassette (abreviado "CC" o simplemente "cassette" para los amigos), introducido por la firma holandesa en 1963 como una tecnología basada en cinta magnética inicialmente para grabación de voz. Y como sucesor del popular cassette, tuvo retrocompatibilidad aunque "a medias" con los cassettes analógicos, ya que un reproductor de DCC permitía reproducirlos, pero no grabarlos. Esto permitía al menos al usuario no "desechar" su colección de cassettes para subirse a la nueva tecnología.

El escenario electrónico por esos tiempos ya pensaba en qué nueva tecnología sería la sucesora del popular cassette de audio. Y es que el DCC no corría solo: estaban también el MiniDisc de Sony (también de 1992) y el DAT ("Digital Audio Tape"), también de Sony, pero introducido algunos años antes, en 1987. De hecho, en ese tiempo, entre el '92 y el '94 mi viejo trabajaba de guardia en la EMI Odeón Chilena (creo que ya he dicho varias veces eso...) y le tocó ver un DAT "en acción". Según cuenta, la calidad de sonido era muy superior a cualquier formato antes escuchado, a la par de un CD audio (dependiendo claro, de la calidad de sonido seleccionada al grabar el DAT). Tanto así que, ingenuamente, después de comprarse el Aiwa NSX-250, con la novedad del CD, pensaba a futuro comprar un reproductor DAT. Iluso. Por cierto, ese minicomponente salió pésimo (aún antes que Aiwa fuera comprada por Sony).

Reproductor DCC de sobremesa
(http://www.dutchaudioclassics.nl)
Volviendo a nuestro DCC, fue un formato que, al menos tímidamente, se asomó por estos lados. Este formato usaba cabezales fijos, sí, al igual que los cassettes de toda la vida. Y además de esto, el DCC se parecía en varias cosas más al CC: el ancho de la cinta, el tamaño del cassette, la velocidad de lectura de la cinta e incluso la capacidad teórica, que era de 120 minutos, al igual que algunos cassettes análogos de rara fabricación. Pero, a diferencia del cassette análogo, obviando que almacena información binaria, el DCC era multipista (8 pistas por lado más una pista por lado como pista de control o datos de texto). La cinta estaba protegida por una pieza metálica que se deslizaba para dejar al descubierto, además de la cinta, el acceso a los carretes. Los DCC se cargaban en una bandeja, similar a la de los CDs, aunque en los modelos portátiles sólo se levantaba la tapa. Finalmente, y a diferencia del cassette análogo, el DCC era plano, sin esa parte ancha en el área de la cinta que conocemos en el cassette tradicional.

Reproductor DCC portatil
(http://www.dutchaudioclassics.nl)
Pero no todo es color de rosa. Obviamente que hay cosas que no son tan buenas respecto a este formato. Para comenzar, y a diferencia del CD audio, al grabar en DCC se aplicaba compresión con pérdida y la razón de compresión era de 1:4, aunque esto lo dejaba relativamente bien parado frente al MiniDisc que comprimía a razón de 1:5. Ambas compresiones se basaban en la percepción sonora humana, al igual que en el formato que algunos años después fuera el omnipresente mp3. La otra desventaja era que, al permitír sólo reproducción de cassettes análogos (y no grabarlos), dejaba de manos atadas al usuario, que sólo tenía como opción grabar en formato DCC. Y claro, aparte de caras que eran las cintas y los reproductores/grabadores, tenían un sistema anticopia que limitaba el número de copias posibles de realizar (comúnmente admitía sólo copiar una vez). Esto fue una lástima, ya que el algoritmo de compresión era tan bueno que detectaba la fuente descomprimida (ya filtrada) y como no encontraba nada que filtrar, la grababa con la misma calidad en el soporte de destino. Pero esto nunca fue posible. Tal como en el mundo las religiones lo arruinan todo, en la tecnología nuestro amigo copyright también. Sumemos a todo esto que, al igual que el CC, tiene las desventajas de este último: es un medio de contacto, por lo tanto es susceptible a deterioro por el uso, además de ser de acceso secuencial, a diferencia del CD e incluso el MiniDisc que son de acceso aleatorio (lo que en simple significa que es posible llegar a cualquier punto en segundos o fracción, mientras que en una cinta hay que recorrer todo lo que falta para llegar al punto de la grabación que nos interesa).

Es fácil imaginar que las ventas no fueron las proyectadas y el DCC en 1996 fue a parar al cielo de los formatos no comprendidos. Finalmente Philips reconoce su derrota en favor del MiniDisc, e incluso compra la licencia para fabricarlos. Aunque personalmente nunca vi un MiniDisc que no fuera de Sony. De todas formas, hoy estos dos formatos están más que en desuso. Curiosamente, el DAT, que es un formato más antiguo, aunque tampoco se vendió bien, fue una tecnología muy usada en broadcasting y en usos más o menos profesionales en su tiempo. No sé si ahora seguirán con eso.

Finalmente, algunos videos...

Promo en inglés (1992?)


Y una máquina de DCC en acción


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