Éste es de esos réclames que serían difíciles de asimilar siendo chico, pero que estaban olvidados.
Si menciono Seguros Cruz del Sur (un emblema de los réclames que se podían ver en el Teletrece ochentero), probablemente todos los de esa época ya nos estamos acordando del barco que se hunde en el escritorio (que ya revisamos alguna vez). Pero este réclame parece ser de la misma campaña y estaba casi enterrado: una panadería que se ve afectada por un incendio cercano. ¿Era necesario mostrarlo así?
Lo acabo de encontrar y me lo acabo de desbloquear. Y no sé por qué no me afectó tanto. Lo veo ahora y... tenía mucho potencial para ello.
Por si acaso, Cruz del Sur dejó de existir hace rato, se integró a Grupo Security en el 2014 y luego este último pasó a integrarse a BICE.
«Porque Cruz del Sur paga a tiempo». A propósito de seguros truchos que han sido descubiertos últimamente desactivando su call center para que la gente no pueda usarlos. Decir «vacunas» es poco.
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«Señora, ahora 8x4 le paga sus cuentas».
Hubo varias promos curiosas en los ochentas, como la de una margarina que daba como premio un sueldo igual al del marido, algo que resultaría muy «curioso» hoy en día.
Pero el por acá desaparecido desodorante 8x4 tampoco se quedó sólo en ofrecer montos, sino que también le puso a su premio una singular condición: para pagar cuentas. Pudo haber sido un premio para gozarlo, unas vacaciones o algo que te dure, pero no. Para pagar cuentas. El agua, la luz, y también otras cuentas no tan masivas en ese tiempo como el teléfono, el gas y los gastos comunes. Y el marido ahí, parando la oreja: «¿Con quién estás hablando?»
El condicionar el premio al pago de cuentas más parece un golpe de efecto. Porque había fichas de premio por hasta 50.000 pesos de la época (aproximadamente 1 millón de pesos de hoy), equivalente a varios sueldos mínimos de ese tiempo. No se explica por cuánto tiempo podría usarse el premio, así que nunca supimos si alguien alcanzó a aprovechar alguna vez el premio completo. Mucha plata sólo para pagar cuentas.
Si hubiera incluido arriendo... hubiera sido mucho mejor.
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Nestlé, esto sí era Chokito.
Chokito es esto que trajiste a fines de los ochentas, que descontinuaste y que ahora de suerte sobrevive escondido como uno más dentro de un surtido importado en el super.
A esa cosa que ahora lanzaste como «Chokito», ponle otro nombre. Porque el que tiene le llegó de rebote. Eso nunca será Chokito. No te niego que podría ser del gusto de más de alguno, pero su gran pecado es un nombre que no merece.
Mientras en otros países mantienes el Chokito original, aquí nos lo cambiaste por una galleta. Y a sobreprecio más encima. No, gracias.
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En los ochentas hubo varios detergentes de corta vida. Por ahí recuerdo El Zorro vagamente. Pero éste, el Rinso, que aún existe, por ese tiempo decía que lavaba bien y costaba menos. Y estrenaba su aroma limón. Y si no dejaba conforme con el lavado, devolvía la plata. Ésa era la promesa. Todo esto en un réclame en el que se gastaron no dos, sino que un sólo peso, aparte de lo que le pagaron a la actriz (me soplan que es Carmen Barros), en caso que derechamente no hayan hecho un casting de dueñas de casa. No sé, probablemente nunca haya lavado a mano un calcetín, pero habla como una correcta dueña de casa ochentera. Le creí todo.
En casa nunca tuvimos por nuestra cuenta las promos del Drive. Sólo las vimos en la tele, o con suerte llegaban algunas por la vecina que usaba Drive y no tenía hijos chicos.
Porque nunca faltaba el Rinso. Y funcionaba.
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Aquí lo que fue ese primer directo.
Arreglando cosas a última hora, todavía duele que el audio haya quedado así. Pero, en fin, fue el primero y para el próximo esto no pasa.
De aquí en adelante, tengo la idea de que sean especiales temáticos. Y en este primer directo salió el tema de los réclames traumáticos, así que podríamos hacer un especial con ese tipo de contenido, revisarlo y comentarlo. ¿Tinca?
Ahí aviso cuándo.
Volvamos a las promos. Y volvamos a una a medio olvidar: la de los camioncitos de Quik. Unos camioncitos plásticos de colores que venían dentro de cada tarro. Sin cupones, sin canjes, sin plata, sin nada. Así no más. Uno en cada tarro. Y con este réclame que unió metraje filmado y animación.
Ahí quedaste, Roger Rabbit.
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El clásico Raid. Esta vez, en versión moscas y zancudos.
Aunque sé que a parte de los que pasan por aquí les daban miedito los réclames de Raid, para mí era todo lo contrario. Si bien las moscas y los zancudos típicos del verano eran molestos y, en el réclame, además burlescos, era satisfactorio que al final siempre perdieran. Es como el efecto «Equipo Rocket». Los insectos eran «los malos», pero siempre perdían miserablemente. Y eso era muy chistoso.
Nota aparte para lo de rociar todo el salón con Raid. Probablemente ese salón estuvo varias horas sin poder recibir invitados.
Actualmente, ya no usan estos personajes y hacen unas cosas tan meh... Pero en fin, gocemos que cuando chicos nos divertíamos con esto.
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El Sahne-Nuss no corría solo. También había Costa Nuss.
Otra cápsula del tiempo. Esa vieja publicidad hecha en cine y que contaba historias. Una discusión en un restaurant que no deja bien a ninguno de los dos pero que al final se supera gracias a recordarse... y al chocolate. Y a las ganas de volver a verse y arreglar todo. ¿El tema de fondo lo canta la Cecilia Echenique?
Por alguna extraña razón, el chocolate con almendras en los réclames ha estado muy relacionado a las parejas (aunque no siempre fue así). Y por eso, y quién sabe qué más, el mundo mira el amor de pareja como si fuera puro disfrute y no tuviera complicaciones (aunque tenga reconciliaciones). No es el clásico comercial de la pareja feliz, sino el de la pareja que vive una crisis, pero que sale. Es hasta esperanzador. Ja, yo po, escribiendo como si fuera el más pololo.
Y no sé. Es como es no más. Y esto estaba bien olvidado, pero cuando lo vi de nuevo me lo desbloqueé. Y lo amé.
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Llamar por teléfono, antes de los celulares. Conseguir el número de teléfono del/la pinche era sólo la mitad de la misión. Porque uno no llamaba a una persona. Llamaba a una casa, a veces a la casa del vecino. Y aún cuando ese número fuera de la persona que uno quería, si no había tanta suerte, había que pasar previamente por un filtro, el de algún familiar X que contestó del otro lado. Pero lo sobrevivimos.
La antigua Chilesat nos pegó en la fibra. Obvio que no nos dimos cuenta ni lo veíamos venir que seríamos la última generación en pasar por esto.
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