Una galleta que, medio transformada, aún existe. Las Criollitas de McKay. Aunque en verdad fue un nombre tomado prestado del otro lado de la cordillera. Porque las Criollitas originales son argentinas, de la Bagley, que las creó en 1943. Pero en un mundo ochentoso sin Internet, estas cosas pasaban. Más de lo que uno piensa.
Ahí teníamos al padre de la casa presentando a su familia y todos con nombres parecidos con C (y esto me recuerda mucho la rutina de Juan Pablo López en Viña el año pasado con el Christrian, el Christrofer y la Christrina) para finalmente introducir al público las Criollitas, que eran «como de la familia». Unas Criollitas que no eran como las de ahora y se presentaban como las galletas de diario, no para ocasiones especiales, sino para cualquier día, cualquier hora y a un precio conveniente.
Últimamente han tratado de lanzar nuevos sabores (no ha pasado mucho con eso) y recuperar el envase original como edición retro. Aunque hay unas Champañitas de Costa que son más crujientes y un pelín más baratas, pero las Criollitas son las Criollitas. En fin, cosa de gustos.
[vía]









