Hola de Hucke, el primer chocolate «con trocitos de sensualidad» (1991)
- Por admin
- marzo 09, 2026
Hola, hola, hola... Oh là là! De los mismos creadores del (incomprendido) «¿Qué me trajiste?», el chocolate Hola de Hucke. Autoproclamado el primer chocolate «con trocitos de sensualidad». Ya, pero, ¿qué le pusiste al chocolate, poh? Al poco rato, probablemente porque poner en el envase «trocitos de sensualidad» no pasó ninguna norma sanitaria, el envoltorio terminó llevando el extremadamente poco cool texto «chocolate con agregado». ¿Agregado? Podría ser cualquier cosa, arroz, harina, asado del día anterior, cemento...
Otro chocolate que nunca compré, pero que supe que existió. Y sí, este chocolatito tuvo otro de esos réclames que hoy ya no se podrían hacer.
(Chao)
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A la hora de las novelas enlatadas mexicanas o venezolanas, contraprogramando. Si hay algo que hizo el canal La Red, desde sus primeros días, fue darle pantalla a personas con nula experiencia frente a la cámara, pero que podían funcionar. Rostros nuevos. Refrescar la tele. Así llegaron el (ahora no muy querido) Mauricio Israel, Enrique Tagle, Raúl Alcaíno, también (cómo no recordarlo) el Kike Morandé... y la Eli de Caso. Con un programa de servicio, a la misma hora en que otros pasaban latas importadas, en el que profesionales aconsejaban a gente con problemas. Como un «Sábados Gigantes a sus órdenes» noventoso.
Los pases a comerciales de esa época eran algo singular. Es que faltó poco para que la voz en off dijera «Y usté, ¡¿qué hace viendo telecebollas a esta hora...?!».
Todo esto sólo para Santiago. Antes de la Eli en el Mega... y mucho antes de la Eli en TVN.
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Betún Virginia, el betún de zapatos a prueba del «famoso Pancho Ruiz», un desastre en casi todo, excepto en sus zapatos, los más brillantes e impecables del colegio. Buen secreto el de su mami.
La época de la escuela no siendo siempre el niñito correctito y obediente, recomiendo no saltársela.
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Un capítulo más dentro de la saga de Mademsa. Siempre con el actor británico Steve Gardner (doblado por Jorge Gajardo) como el técnico de Mademsa y que lo tuvieron fijo en los réclames para las entregas durante toda una década y más. Pobre tipo, siempre envuelto en peripecias, como la de tener que arrancar de las vecinas de todo un barrio, o participar en el memorable musical de Margarita, entre otras cosas. Pero este momento, en que una soa se hizo la loca y se quedó con el refri de la vecina, se recuerda poco. ¿Y perder todo lo que compró en el super? Tai más tonto...
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Se extraña a Costa patrocinando Viña. Pero en los ochentas, todos los años lanzaba cosas nuevas y usaba el festival para darles bombo. En el '86 lanzó el Doblón como una galleta capaz de sacar de su juicio a todo el que la conociera. O sea, era como una Frac bañada en chocolate, no más que eso, pero le pusieron color igual. Con un jefe gruñón del que nunca se vio su cara (sólo su furia) y que sólo se controlaba comiendo Doblones, y con esa secre de la oficina del lado que también terminó por sucumbir, los de Costa le dejaron más de alguna pesadilla a muchos peques de la época. Yo... yo lo encontraba chistoso no más.
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Hola, ¿me da un Danky Nogatongamegalosomanjarchafafrinilofo... por favor? El primer «qué importa el nombre». La Savory de fines de los setentas quiso llamar la atención. Lanzó un Danky de nombre ridículamente largo, para que se notara y se hablara de él. O bien para destacar su valor, porque era tan bueno que, muy a pesar de su nombre ridículamente alargado, lo ibas a pedir igual. Al final, fue un helado que logró sobrevivir y que existe hasta el día de hoy (junto con el Danky 21).
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Hasta cuando la sed se convierte en pesadilla... El personaje de Daniel Muñoz, «el Efe», saltó a la fama reclamística en la tele a color como el héroe de sus propias pesadillas de sed, venciéndolas siempre con un gran jarro de 2 litros de jugo Yupi recién sacado del refri. Y, obvio, salvando a la damisela en peligro. Incluso existió una versión en dos partes. Una locura.
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Pase lo que pase, jamás pierda el Control. Porque si los noventas fueron de Capel, los ochentas lo fueron de Control. Y porque tuvieron que tirar todo lo que llevaban (o sea, todo lo que permite la tele), perdieron altura, se les cayó el globo igual, pero... ¡tirar la de Control, jamás!
Surreal total, pero es la tele y es un comercial de Control. Otra vez, no se lo sobrepiensen tanto.
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Ya lo habíamos deslizado antes, pero ya era hora de revisarlo. Para muchos que hace cuatro décadas, en época pre-marzo, veíamos tele, cualquiera hubiera sido nuestra marca de cuadernos, la que quisiéramos o la que tocó no más, la promo que por lejos parecía la más creativa en su tiempo era la del Tesoro de Austral. La promo debutó en 1985, pero esta versión es del año siguiente.
En la tapa trasera de cada cuaderno había un mapa tipo «isla del tesoro» en el que había que descifrar, en los nombres de las islas, alguno de los premios que ofrecían. Obviamente que casi siempre el texto descifrado decía otra cosa nada que ver o, en la más troll, se obtenía el nombre de algún premio pero con alguna letra cambiada. Pero ojo, que se podía seguir participando todo el año... no sólo en marzo.
Ya teníamos asumido que tal vez nunca ganaríamos nada. Pero eso de descifrar nombres era una diversión que no nos quitaba nadie. Y el texto en jeroglífico al final del comercial también se podía descifrar. No eran símbolos random. Por si alguien tenía la duda.
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🎶 ¡Al Riiiiicolate! 🎶
La combinación regalona de Calaf, que fue sacada a lucir por muchos años: chocolate y coco rallado. La hubo en forma de Condorilate, de Alegretto, pero ninguna llegó a ser más célebre y popular que el amiguito que nos convoca hoy, el Ricolate. Y que nos desbloquea, a propósito de su empaque de 5, un trozo de lenguaje popular del día a día que ya casi estaba en desuso. Esa manera como se contaba la plata antiguamente y que aquí sólo se invocó hasta la mitad (porque llega hasta el 10): unila, dorila, tirifila, cuarterola, quintanilla...
El Ricolate también tuvo comercial en la tele. ¿No lo recordabas? ¿Nunca lo viste? Te lo presento.
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