Llamar por teléfono, antes de los celulares. Conseguir el número de teléfono del/la pinche era sólo la mitad de la misión. Porque uno no llamaba a una persona. Llamaba a una casa, a veces a la casa del vecino. Y aún cuando ese número fuera de la persona que uno quería, si no había tanta suerte, había que pasar previamente por un filtro, el de algún familiar X que contestó del otro lado. Pero lo sobrevivimos.
La antigua Chilesat nos pegó en la fibra. Obvio que no nos dimos cuenta ni lo veíamos venir que seríamos la última generación en pasar por esto.
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