Réclame: Indiana Amortiguadores (o el día en que Av. Brasil y 10 de Julio salvaron la tele) (1991)
- Por admin
- septiembre 02, 2026
Se hizo con 2 pesos, pero se hizo. Un distribuidor de amortiguadores de auto (de ésos de Av. Brasil o 10 de Julio) puso este réclame en esas tardes de automovilismo del RTU. Tiene un saborcillo a lo que hacían algunos negocios locales gringos en su tele local.
Amortiguadores fallando y pegándole al compa... donde más le duele.
Pero no, gente. Esto jamás pasó. Ni pasará.
«¿Recuerdas este tema?» Otra vez, hora de un clásico en Réclame.
Muchos conocimos las Alteza por este réclame. O sea, ya existían desde mucho antes, pero con esto notamos que estaban ahí. Y vimos por la tele a esta familia de músicos que empieza a tocar de la nada, hasta con una batería entre medio, y al final cerrando con el fracaso del autocontrol de todos ante la bandeja con obleas. Muchos, del otro lado de la pantalla, no habíamos tocado ni el pandero, pero les compramos todo. Hasta las obleas.
Mi sugerencia: traten de mejorar su autocontrol, porfa. Y acompañen esas Alteza con un juguito.
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Elegiste Canada Dry...
Tengo que decir que recordaba esto por una tontera. Pero agradezco que este recurso, de poner una voz na' que ver en postproducción para descolocar, no lo terminaron chacreando como tantas otras cosas. Era ese réclame de la cabra chica en una reunión familiar y esa botella de Canada Dry que, con esa voz de locutor, tomaba posesión de todo quien se atreviera a servirla.
La tontera por la que recuerdo esto ocurrió un día de ese año en que yo estaba en la fila del almuerzo y justo el que estaba antes que yo andaba con sus amigos y con muchas ganas de hueviar. Entonces cuando le preguntaron qué bebida quería, se puso a imitar la voz del comercial. Y la señora que atendía, que no tenía muchas ganas de seguirle el chiste, casi le tiró en la bandeja la lata de Canada Dry. No sé si habrá sido la bebida que de verdad quería, pero en fin.
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Mami e hijo en el súper. Pasaban por las frutas, y a Pepito (suponiendo que se llama así) le extrañaba lo que hacía mami. Ella iba por cada canasto, pero no sacaba ninguna fruta, sino que al final sacaba de cada uno un yoghurt. Sueño lúcido o anda a saber qué, pero al final la mamá de Pepito había llegado tan lejos que a Pepito no le quedó de otra más que seguirle el cuento.
El yoghurt con fruta era algo súper nuevo. Antes, si uno quería yoghurt con fruta, significaba llegar a la casa, picarle fruta arriba y listo, yoghurt con fruta. Hasta que inventaron el Batifrut.
Al yoghurt con fruta lo llegué a respetar con el tiempo. Nunca he sido fan al nivel de arrasar con todos, pero si me invitan uno, bien.
Tranqui, Pepito. Los yoghurts siguen en el pasillo de los yoghurts. Todo eso era fruta. Disfrútala.
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Tang vs Tang Diet. ¿Quién tiene el Tang Diet?
Si aquí los ochentas fueron de los jugos en polvo súper artificiales, los noventas levantaron un poco la vara (pero sólo un poco) con unos jugos que eran tan en polvo como los otros, pero que aspiraban a ser percibidos como más «naturales» o de mayor calidad. En medio del reinado del Zuko sin mucho contrapeso, el Tang lanzó sus versiones diet. Con la eterna promesa de los productos «diet»: no deberle nada en sabor a la versión regular.
Tang fue creado en 1957 en la General Foods Corporation en USA, pero recién se comenzó a comercializar por allá en 1959. Se vendía en frascos (porque para sobres todavía faltaba). Los primeros años fueron flojos, pero empezó a ganar notoriedad a partir de 1962, al ser llevado al espacio en las primeras misiones de la NASA.
Ni idea cuándo llegó por acá. Pero es más antiguo que el Zuko. De hecho, el Zuko de aquí fue precisamente la respuesta al Tang. Y todos los otros jugos que vimos después fueron una respuesta al Zuko.
Para Tang, mostrar el producto como internacional era su carta. Y por eso, de estos réclames de Tang hubo varios, siempre comparando la versión normal con la diet, ambientados en distintos lugares del mundo. Y todos con estereotipos a tope.
El Tang, al menos por acá, nunca brilló mucho. De hecho, tristemente su más recordada campaña, la del mayordomo, que fue furor en otros países como Argentina y Brasil, aquí apenas la notamos.
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Si un desconocido se te acerca con un tatuaje con tu nombre, eso es Impulse. O algo así.
El Impulse quería seguir estirando el chicle en los noventas, aunque ya sin esa idea recurrente del desconocido que se acercaba y regalaba flores. De cierta manera, evolucionando un poco.
Pero esta vez, a nuestro galán de turno no le salió todo a la primera y tuvo que recurrir al plan B. Todo por no preguntar «¿cómo te llamai?»
A todo esto, ¿alguien aquí se tatuó con lápiz Bic cuando chico pa' hacerse el malote?
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Primera mitad de los noventas y Control todavía roncaba fuerte. Entre los réclames que aún seguía lanzando regularmente por la tele, aparecía éste en la selva con el cocodrilo. Luego, ese resbalón y caída al agua más falsos que billete de tres lucas y ese rescate del que todos pensaban que nuestro héroe de turno se había lanzado a rescatar a su chiquilla, pero no. ¡La botella de Control era lo que había que rescatar y después la copa, porque sin la copa no se puede tomar Control!
No sé si con esto tuvieron problemas en su tiempo, como para tener que lanzar al poco rato una segunda versión, en donde la chiquilla se salva sola y ambos se ríen al final con lo ocurrido. O sea, no creo que hayan tenido que volver y hacer un nuevo montaje de todo sólo para grabar otro final. Me tinca que grabaron dos finales, lanzaron primero el que todos vimos y se guardaron el final alternativo como medida de emergencia «por si pasaba algo». Suposición mía no más.
McKay, luego de esa época previa al «ya, yo McKay a las galletas y tú, Hucke, a los chocolates» tuvo más de alguna baja. Y entre esas bajas, una que me han mencionado más de alguna vez: el chocolate Poker. Venía en nada menos que cinco variedades (puro, con almendras, de leche, con manjar y maní, y chocolate blanco con almendras). Como que tenían Poker para todos los gustos. Y todo con una analogía de cumbres y de alta montaña (porque ya saben cuál era el juego aquí, chicos: estatus). Y los escaladores eran tan fanáticos del chocolate que lo comían cuando estaban escalando y después, viendo el video de la escalada en casita.
«Un gusto siempre a mano». El Poker nunca fue la tremenda barra, sino un chocolate que te lo comías de camino a otro lugar, en un rato libre, en el descanso, cuando quisieras.
Pero hay un dato que muchos no manejábamos: McKay tuvo la marca Poker mucho antes de lanzar su chocolate y la usaba para una de sus galletas sandwich, la de chocolate y crema de naranja.
Poker fue como el gran chocolate de McKay, antes de cederle ese mercado a Hucke. Nunca lo comí. Sólo me queda imaginarlo.
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El otro día se estaban acordando de esto. «A mangiare, Tonino». Independientemente de que la famosa frase de la mamma invitando a la mesa a Tonino se haya transformado en un chiste de escuela básica y que todo esto en onda de cine italiano que armó Silvio Caiozzi haya sido demasiado réclame para el producto que presentaba, me quedo con el «per me, tu sei sempre Tonino». Una frase y un diálogo que estaba todo en italiano, pero que igual entendimos, con el corazón.
Lo que quedó medio olvidado fue que, años después, hubo una secuela. Tres años se demoró el Tonino en presentar a la Gina. Y cuando al fin la llevó a la casa a presentársela a su mamma, la señora nos hizo pasar un susto...
Pero terminó bien, porque había que vender salsa de tomate. Y presentar esa caja de medio kilo que la mamma ya usaba tres años antes. Como que tú también esperaste, D'ampezzo, ¿ah?
Nivea Milk, el regreso. Más Nivea Milk que nunca.
Algunos más antiguos aquí conocen la historia.
Al fin encontré este réclame en la versión que vimos acá. Dos años después de ese réclame de fondo blanco. Ni que decirlo, bastante menos tétrico que la versión que había encontrado en portugués y a la que tuve que recurrir en su momento. Pero igual tiene algo.
Esta vez trataron de hacer una analogía entre la piel y una paleta publicitaria frente al clima y la intemperie. Posiblemente esto sea meh para varios, pero ¿por qué suena así cuando se va deteriorando el letrero? Pero qué necesidad. La misma voz plana (aunque esta vez menos) del mismo locutor del réclame del '85, en algo que yo percibía claramente como un regreso del terror. Sumemos esos dos segundos de silencio al final (no fue mi edición) que me eran eternos, en donde no ocurre nada y para mí era como «¿Ya y ahora? Esto terminó. ¿Nadie se da cuenta que terminó? ¿Nadie va a cortar y pasar al siguiente?».
De nuevo, para muchos será un meh... pero déjenme tener mis cinco minutos. Porfa.
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