Réclame: La Danesa le regala un sueldo igual al de su marido (con Maitén Montenegro) (1984)
- Por admin
- septiembre 13, 2026
«Gane un sueldo igual al de su marido». La promesa de La Danesa en pleno corazón de los ochenta.
Bastaba encontrar la ficha ganadora en el pote y listo. Si tan sólo hubiera conocido un caso de alguien cercano que haya ganado algo así. Pero lo creíamos... porque salió en la tele. Mínimo 16 lucas, máximo 40. A valores de 2026, entre 339.000 y 847.000 pesos. Lo considero un poco corto, pero, no perdamos el contexto, era economía de Chile ochentero. Y contexto social de Chile ochentero. Con el hombre sostenedor y la esposa dueña de casa que no paraba en todo el día... porque era lo que tocaba hacer.
Nota especial para Maitén Montenegro que aquí sacó a relucir todo su bagaje haciendo musicales, más los años de Jappening. ¿Pedreros estuvo detrás de esto también? No me sería raro.
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Entre paréntesis, qué frescos son. O «qué cinéfilos» son. Con toda esa onda estilo Indiana Jones que Caricia nos presentaba, hubo ganas de seguir estirando la fama ochentera de su jugo en polvo. Así, nuestro Indiana Jones criollo supo escapar de la trampa pidiendo como último deseo «Caricia... mandarina» (muy importante esa pausa antes de mencionar el sabor, que a estas alturas era ya como la firma de la saga). Y con un sabor a «piña colada» entre su gama. Un poco tarde llegó esa creatividad con los sabores, pero se hizo.
Y al final, la parodia al grito de Wilhelm... o tal vez el mismísimo grito de Wilhelm, aunque le bajaron el pitch eso sí. En efecto, es cine.
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Quizá el jingle más pegote de toda la historia de Impulse. Y con el simbolismo del 17, de la transición de la juventud hacia la mayoría de edad y esa actitud que Impulse resumió en tres palabras: joven, libre, audaz. Quizá como una forma de representar lo mejor de ambos mundos.
Y, todo a su vez, coincidente con un año que fue hito en nuestra historia, ya saben, cuando tuvimos por fin una Miss Universe y se instaló una fiebre nacional por los concursos de belleza, de la cual una de sus manifestaciones más pop fue el nacimiento, poco tiempo más tarde, de la revista y el concurso de Miss 17. Concurso del que acaban de anunciar que vuelve el próximo verano, después de la quiebra de la editorial y un largo tiempo de suspensión. Anda particularmente creativo nuestro guionista patrio.
Obviamente no hay prueba de nada y son dos temas na' que ver, unidos de pura coincidencia por un número... pero si me dicen que el 17 les quedó dando vuelta para lo que harían un par de años después, les creo.
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¿Bluto... o Brutus? Otro «Ven que te cuento», al rescate.
El antagonista de Popeye nació como Bluto. Fue creado por Elzie Crisler Segar en 1932 como «Bluto the Terrible», un personaje de un solo uso, para la tira cómica «Thimble Theatre» (luego renombrada a «Popeye»). Fleischer Studios lo incluyó en los cortos animados hasta 1957, año en que la producción cesó.
Luego, King Features retomó la producción del cartoon, pero creó otro antagonista y prescindió de Bluto. La introducción de «Brutus» en 1960 tuvo que ver con un tema de derechos de autor. King Features creía que no tenía los derechos de Bluto. Así que no quiso problemas con Paramount, la entonces controladora de Fleischer Studios, y creó otro antagonista para Popeye... Brutus. Mientras Bluto era musculoso, el personaje de Brutus era obeso. Y un poco torpe.
Cuando se dieron cuenta que sí podían usar a Bluto, lo reintrodujeron. Ello ocurrió en la serie de Hanna-Barbera de 1978 («The All New Popeye Show»). Y el cómic, en 1988, resolvió la inconsistencia dejando a Bluto y Brutus como hermanos gemelos.
Los fans... no perdieron el tiempo complicándose la vida. Siempre percibieron a Bluto y Brutus como uno solo.
Se hizo con 2 pesos, pero se hizo. Un distribuidor de amortiguadores de auto (de ésos de Av. Brasil o 10 de Julio) puso este réclame en esas tardes de automovilismo del RTU. Tiene un saborcillo a lo que hacían algunos negocios locales gringos en su tele local.
Amortiguadores fallando y pegándole al compa... donde más le duele.
Pero no, gente. Esto jamás pasó. Ni pasará.
«¿Recuerdas este tema?» Otra vez, hora de un clásico en Réclame.
Muchos conocimos las Alteza por este réclame. O sea, ya existían desde mucho antes, pero con esto notamos que estaban ahí. Y vimos por la tele a esta familia de músicos que empieza a tocar de la nada, hasta con una batería entre medio, y al final cerrando con el fracaso del autocontrol de todos ante la bandeja con obleas. Muchos, del otro lado de la pantalla, no habíamos tocado ni el pandero, pero les compramos todo. Hasta las obleas.
Mi sugerencia: traten de mejorar su autocontrol, porfa. Y acompañen esas Alteza con un juguito.
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Elegiste Canada Dry...
Tengo que decir que recordaba esto por una tontera. Pero agradezco que este recurso, de poner una voz na' que ver en postproducción para descolocar, no lo terminaron chacreando como tantas otras cosas. Era ese réclame de la cabra chica en una reunión familiar y esa botella de Canada Dry que, con esa voz de locutor, tomaba posesión de todo quien se atreviera a servirla.
La tontera por la que recuerdo esto ocurrió un día de ese año en que yo estaba en la fila del almuerzo y justo el que estaba antes que yo andaba con sus amigos y con muchas ganas de hueviar. Entonces cuando le preguntaron qué bebida quería, se puso a imitar la voz del comercial. Y la señora que atendía, que no tenía muchas ganas de seguirle el chiste, casi le tiró en la bandeja la lata de Canada Dry. No sé si habrá sido la bebida que de verdad quería, pero en fin.
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Mami e hijo en el súper. Pasaban por las frutas, y a Pepito (suponiendo que se llama así) le extrañaba lo que hacía mami. Ella iba por cada canasto, pero no sacaba ninguna fruta, sino que al final sacaba de cada uno un yoghurt. Sueño lúcido o anda a saber qué, pero al final la mamá de Pepito había llegado tan lejos que a Pepito no le quedó de otra más que seguirle el cuento.
El yoghurt con fruta era algo súper nuevo. Antes, si uno quería yoghurt con fruta, significaba llegar a la casa, picarle fruta arriba y listo, yoghurt con fruta. Hasta que inventaron el Batifrut.
Al yoghurt con fruta lo llegué a respetar con el tiempo. Nunca he sido fan al nivel de arrasar con todos, pero si me invitan uno, bien.
Tranqui, Pepito. Los yoghurts siguen en el pasillo de los yoghurts. Todo eso era fruta. Disfrútala.
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Tang vs Tang Diet. ¿Quién tiene el Tang Diet?
Si aquí los ochentas fueron de los jugos en polvo súper artificiales, los noventas levantaron un poco la vara (pero sólo un poco) con unos jugos que eran tan en polvo como los otros, pero que aspiraban a ser percibidos como más «naturales» o de mayor calidad. En medio del reinado del Zuko sin mucho contrapeso, el Tang lanzó sus versiones diet. Con la eterna promesa de los productos «diet»: no deberle nada en sabor a la versión regular.
Tang fue creado en 1957 en la General Foods Corporation en USA, pero recién se comenzó a comercializar por allá en 1959. Se vendía en frascos (porque para sobres todavía faltaba). Los primeros años fueron flojos, pero empezó a ganar notoriedad a partir de 1962, al ser llevado al espacio en las primeras misiones de la NASA.
Ni idea cuándo llegó por acá. Pero es más antiguo que el Zuko. De hecho, el Zuko de aquí fue precisamente la respuesta al Tang. Y todos los otros jugos que vimos después fueron una respuesta al Zuko.
Para Tang, mostrar el producto como internacional era su carta. Y por eso, de estos réclames de Tang hubo varios, siempre comparando la versión normal con la diet, ambientados en distintos lugares del mundo. Y todos con estereotipos a tope.
El Tang, al menos por acá, nunca brilló mucho. De hecho, tristemente su más recordada campaña, la del mayordomo, que fue furor en otros países como Argentina y Brasil, aquí apenas la notamos.
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Si un desconocido se te acerca con un tatuaje con tu nombre, eso es Impulse. O algo así.
El Impulse quería seguir estirando el chicle en los noventas, aunque ya sin esa idea recurrente del desconocido que se acercaba y regalaba flores. De cierta manera, evolucionando un poco.
Pero esta vez, a nuestro galán de turno no le salió todo a la primera y tuvo que recurrir al plan B. Todo por no preguntar «¿cómo te llamai?»
A todo esto, ¿alguien aquí se tatuó con lápiz Bic cuando chico pa' hacerse el malote?
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