Si digo Picnic de Costa, lo que salta de inmediato a la memoria es el vendedor de micros vestido de etiqueta (con ese cierre «tupendo») y luego, los más senior, nos acordamos también del «y yo... me como un Picnic». Ambas joyitas ya las revisamos acá. Pero hay uno que quedó como en el limbo, a medio olvidar, con un cuento mucho más oscuro.
El réclame, ambientado en un futuro distópico muy en la onda de Blade Runner o Terminator, muestra cómo se consigue Picnic en una máquina expendedora de ese mundo y lo que pasa cuando un tipo de apellido Connors, qué penita, no consigue su Picnic. Yep. Connors con S, porque nada puede inspirar más futurismo distópico que el apellido Connor(s).
Al final cierra con una referencia a la «Confederación», la que nunca supimos qué era. Posiblemente, el guiño a una secuela... que nunca llegó.
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