Si bien es cierto, hacia el final de la temporada de 1985, Cachureos experimentó con público en el estudio, no fue hasta 1987 que el programa al fin se concibió de esa forma. Entre las novedades de ese año, llegó el Señor Lápiz. Con la gracia de ser capaz de dibujar algo en base a lo que sea que le hayan tirado como esbozo loco en el papel, el personaje prendió en poco tiempo.
Pero sería a raíz del corpóreo de un sponsor y del éxito que éste tuvo, medido por cartas enviadas al canal, que Marcelo se decidió a introducir más personajes en forma de corpóreos, los que eventualmente terminaron reemplazando a los chicos, cuando éstos crecieron.
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El día en que una marca de piso cerámico subió al columpio a la típica soa fan de la limpieza.
O sea, vendes piso cerámico y quieres destacarte por sobre otras alternativas. ¿Qué haces? Después de pensarlo, no lo dudas más y le pegas a los otros pisos donde más les duele: son eternos necesitadores de cuidados. Que las cenizas, los líquidos, el barro... ¡EL BARRO!
En serio, es que todos los que éramos cabros chicos en esa época tuvimos a una mamá o a una tía o a una abuela preocupada día y noche de la limpieza de la casa. Y si en una visión de futuro distópico ochentera tipo cyberpunk ya se veía a la tecnología como vigilante y opresora, Cordillera le dio una vuelta y en su réclame no era la tecnología la que jugaba ese rol, sino que eran esas advertencias que todos escuchamos en casa, cayendo sin compasión sobre quienes estaban obligados a pasarle virutilla al piso de parquet y a aspirar alfombras por el resto de sus días. Hasta que, literalmente, uno de ellos vio la luz y descubrió algo que al fin cambió esa «realidad distópica» del virutillado y aspirado eterno... por algo mucho más amable y realmente moderno.
No sé si esta visión distópica del aseo del hogar sacó muchas ronchas en su tiempo. Pucha, qué digo, tal vez no pasó nada pero, en fin, el réclame de Cordillera lanzado al año siguiente fue bastante más amable...
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Nunca vimos ni escuchamos más futurismo en la tele sólo para vender una cera. Y además lo presentaron todo como un juego de avanzar casillas, en que se enfrentaban la cera Bravo en cuestión, versus la cera común (que se súperagradece que no hayan cedido al cliché del envase feo con una X). Avanza tres espacios, vuelve al punto de partida… hasta me daban genuinas ganas de agarrar la enceradora y jugar a encerar la casa. Ni de chiste nos permitían eso.
Además de la ambientación fría y media espacial, estaba esa música electrónica que cuando chicos nos sonaba súper rara y que, de seguro, le inspiró miedito a más de alguien. Súmale la pantalla en blanco y negro que muchos todavía veíamos. Yep. Mucho miedito.
El otro día veía a un youtuber explorar un hospital abandonado desde esa época y no supo reconocer el piso plástico. Por alguna razón este tipo de piso, que en los ochentas estuvo en su top y que, pese a todo, por ahí todavía resiste, ya pasó de moda hace rato. Le cedió lugar a los pisos flotantes de hoy en día. La generación actual casi no los conoció.
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El catador de Clos de Pirque. Y ya sabemos a qué juegan en Clos de Pirque.
Luego de probar un par de esos vinos de cierto nombre y que «se reconocen», nuestro profesional catador se encontró finalmente con un vino que no se mide por esa vara, pero que «se recuerda». Tanto, que se emocionó.
Una década más tarde reciclaron la idea, pero no fue lo mismo.
Lo siento en el alma, Pixar. Antes de Anton Ego comiendo Ratatouille (en otro contexto y guardando muchas proporciones, pero síganme la idea porfa), existió el catador de Clos de Pirque.
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¡Ah, marca Pizarreño! ¡Hubiera dicho antes, pueh!
Así fue la discusión del maestro ferretero y su cliente por la autenticidad de la plancha Pizarreño y ese efecto de cuando les crecía la nariz. Juro que nunca vi una plancha Pizarreño con la marca así de grande. Pero esto era tele y se tenía que notar. Peor aún, nunca vi una plancha «marca Pizarreño». La diferencia en plata de una plancha genérica versus una de marca debió notarse.
Lo único que no entendí en su tiempo fue el remate del réclame. Lo entendí recién cuando supe lo que era un «cheque a fecha».
En fin. «Productos para toda una vida». Que, digámoslo, si eras consumidor habitual de estos paneles (qué decir si eras operario en Pizarreño en esa época), no era una vida muy larga...
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Réclame: El camino sin caries de ¡Signaaaaaal! (con el Profesor Rossa) (1990)
- Por admin
- mayo 26, 2026
El camino sin caries de... ¡Signaaaaaal!
Uno de los tantos réclames de la pasta de las tiras rojas, fue una invocación al imaginario de los cuentos. El camino con caries, tenebroso, de nubes grises, oscuro y con maleza, y el camino sin caries, verde, soleado y hasta con cantos de pajaritos. Cuando éramos chicos, prendíamos con esto. Y luego de eso venía el incombustible grito de «¡Signaaaaaaal!» que usaba el Profesor Rossa, no importaba donde estuviera, para llamar a la caja gigante de pasta de dientes como su flamante medio de transporte aéreo. Siempre con ese amago de caerse hacia atrás al final. ¿Medidas de seguridad? Nah... a donde vamos no necesitamos medidas de seguridad...
Y era una campaña patrocinada por el Colegio de Cirujano Dentistas... que fue algo a lo que nunca le tomamos el peso. En una de ésas, todo esto con el Profesor Rossa le salió gratis a Signal. No sé si lo sabremos algún día.
Pero lo que de veras no recuerdo es cuándo dejamos de ver Signal. Lo único que recuerdo es a alguien en casa quejándose de su camisa blanca manchada con las rayas rojas de la Signal. Nunca más se compró Signal en casa.
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El tío Costa siguió lanzando cosas en los noventas, tal vez con más éxito masivo que antes. Y entre las que les fue bien, sin duda estaba el Tuyo.
Lanzaron toda esa campaña de puras parodias de la tele: el instituto, el festival… y ésta de la telenovela. Todas culminadas con la aparición sorpresiva de Felipe Izquierdo como un vendedor que saltaba a ofrecer la oblea a la primera que alguien dijera «Tuyo».
La obleíta brillaba más en como se presentaba que como el producto mismo. El Tuyo no era una gran maravilla, pero tampoco estaba mal. Fue una vuelta de tuerca simple pero resultona a la conocida oblea bañada en chocolate de toda la vida. Si hasta opacó por un rato al Super 8, siendo incluso más barata. Yo las compraba a $50 el año en que aparecieron (y me soplan que fue en 1993, no en 1996).
Pero tío Costa, en serio, convengamos que esa cobertura blanca nunca fue chocolate blanco...
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De la saga ochentosa de Rexona con famosos, y luego con deportistas, éste es quizá el réclame que mejor se recuerda. El de Gert Weil para el Rexona Super Seco. En una escena deportiva nacional dominada por el fútbol, el fútbol y el fútbol (y el tenis si alcanza), el tío Gert supo hacerse un nombre.
Un legado que dura hasta nuestros días, con su hija atleta Martina ganando todas las medallas.
Fue muy jugado lo de Rexona destacando a estas figuras. Es que no recuerdo si hubo uno de estos réclames con un futbolista. Ni con tenistas...
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La antigua Chamonix. Cuando Chamonix tenía alma y no era el zombie que es hoy. Y tenía helados que no alcancé a conocer, como este Vaquero. Un helado sencillo, como casi todos los de su tiempo: chupete de leche y media cobertura de chocolate.
Cuando los cabros chicos todavía prendían con los vaqueros. Después se pusieron de moda los robots del espacio y... ya se saben ese cuento.
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