Hola, ¿me da un Danky Nogatongamegalosomanjarchafafrinilofo... por favor? El primer «qué importa el nombre». La Savory de fines de los setentas quiso llamar la atención. Lanzó un Danky de nombre ridículamente largo, para que se notara y se hablara de él. O bien para destacar su valor, porque era tan bueno que, muy a pesar de su nombre ridículamente alargado, lo ibas a pedir igual. Al final, fue un helado que logró sobrevivir y que existe hasta el día de hoy (junto con el Danky 21).
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