Los oompas recién llegaron todos alborotados al estudio, entusiasmados con un nuevo Chocolito, pero no en forma de helado, sino que en forma de barra de chocolate. Al toque les dije «¡pero si eso de seguro ya lo inventaron varias veces!»
Y ésta fue la primera vez que vi algo así. A fines de los ochentas, Costa lanzó el Tromba Lac, el que hasta el día de hoy me extraña que no haya durado. Porque hacía harto mérito. O sea, ni el Super Mario se da esos saltos, po. Y el locutor en off tipo Looney Tunes le daba su toque.
Mención honrosa para el pobre actor… Me gustaría saber cuánto duele ese sentón. Nah, mejor no.
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Otro pedazo de desbloqueo. Estaba re interesante la idea de lanzar libros didácticos no sólo en librerías, sino también en supermercados y hasta con réclame en la tele. O sea, libros. No el suplemento del diario o la revista con recortables. Libros. Y en 1991. Adelantadísimo lo de Norma. Muy a pesar de que no me tinca que hayan sido muy asequibles.
Pero llegué tarde a esto. El libro ése de «cómo funciona un televisor», si hubiera sido más chico en ese tiempo, me lo hubieran regalado pa’ la «pascua» y hubiese sido el libro que hubiera leído veinte mil veces. Y ojo con esa lista de supermercados. Ya no queda casi ninguno. El único que sigue hasta hoy es el Jumbo… y el Unimarc, y sería.
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Los de Sutil estuvieron toda la década ochentosa lanzando réclames. Y cuando hubo que anunciar los 40 metros, se sacaron una serie de comerciales con un cabro «malo» que representaba al rollo de papel de la competencia. Y obvio, el rollo de Sutil de 40 metros, lanzado o dejado caer lejos por la guagua de Sutil, siempre le ganaba.
Sutil se anunciaba como el conveniente, el que duraba más, el «económico». Y era todo tan distinto al criterio que había en casa. Ése que decía que había que comprar precisamente el producto que *no* avisaba en la tele, porque de lo contrario pagábamos la publicidad de nuestro bolsillo.
Ahora, que el rollo de 40 metros no cupiera en el portarrollo de ningún baño de esa época… ése era un problema aparte.
Y ni hablemos de jugar con el rollo de papel.
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Y ahora, otra de esas cosas que ya no se pueden hacer, como esta prestada de ropa de Popeye el Marino al Burger Inn en medio de los noventas. Popeye ya estaba un pelín desfasado, pero al menos los de Burger Inn se las ingeniaron para tener algo. Y, de nuevo, palanqueando al gringo de Ohio y sus pepinillos. Amo como lanzaban el chiste del pepinillo para desarmar el plus de los fast food gringos con su ingrediente foráneo que, en el fondo, no era un plus porque nadie lo pidió. Y con Pilón, era que no, comiendo de a bandeja.
Aunque estoy seriamente dudando de que pudiese ser siquiera factible una Espinaca Burger, como en alguno de esos antiguos cortos que en su época repetían y repetían. Nadie en la época hubiese pedido una. Tal vez ahora sí. Y las venderían como un plus.
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¡El Zanahooooria!
El réclame que marcó el antes y el después de las rentas vitalicias. Un aviso que todos recuerdan, quizás más que la misma marca. En la época en que este réclame salió, yo todavía estaba en la básica. Y causó que, en todos lados, se «tirara la talla» del «Zanahoria» y más de algún compañerito de clase por ahí haya terminado, al menos temporalmente, con ese apodo. Nos causaba gracia. Hasta que agarramos edad y, mientras más viejos, este réclame comenzó finalmente a agarrar más y más para nuestra generación su sentido original, llegando a denotar la melancolía y la emotividad con la que fue pensado. Muy a pesar de que los «años dorados» que nos esperen a nosotros ya no incluyan la cercanía de tantos amigos de juventud. La fantasía publicitaria también llega por allá. Esto es la tele.
(*) Emitido en 1991.
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Sí, hubo un réclame más antiguo de Zuko. Más antiguo que ése que tiene la música de Vangelis y que todos recuerdan.
Tenían sólo de naranja y, como novedad, estaban lanzando otro sabor limón. Igual, como que al de limón tan bien no le fue. A comienzos de los 80s ya era sólo de naranja otra vez.
La música tenía lo suyo. Estaba muy oreja, me quedó dando vuelta y me inquietaba no poder trazar de donde salió. Al poco rato me cayó la tecla y estaba cantadísimo: la inspiración del «Zuko, Zuko, Zuko…» salió directamente de la canción «Verano naranja» de Donald.
Y el Tío Javier Miranda, se luce.
¿Rarezas? Para servirle.
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Muchos réclames antiguos no se quedaban sólo en contar una historia, sino que algunos llegaban a manejar niveles de abstracción o metáfora. El huevo que arrancaba del martillo en el réclame de Anacin es pedazo de ejemplo. Lo entendimos todo ¡y nos sentíamos el huevo! El martillo aparecía como la enfermedad fuerte y destructora. Y el huevo, con esa enfermedad encima que lo fragilizaba. Por eso era representado por un huevo, digamos. Y todo con fondos oscuros que, aunque casi lugar común, servía para representar justamente que «no la estábamos pasando bien».
Y qué decir del final. Sólo en la tele.
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Duelo Réclame: Carozzi vs Talliani, «la pobrémica de los fideos» (1993)
- Por admin
- mayo 28, 2025
Hace tiempo no teníamos un Duelo Réclame. O, como cariñosamente le llamaremos hoy en el boliche, «la pobrémica de los fideos».
Carozzi, por sus 95 años, se había sacado una joya de réclame. Emotiva y producida como pocas, y en un momento de la historia nacional en donde todos sacábamos pecho por lo chileno, la campaña de Carozzi presentaba su producto llegando a todo el país y traspasando nuestras fronteras, culminando con el momento más épico, ése en que se muestra a la marca presente en un supermercado de Italia. ¡Italia, el país de las pastas!
Del otro lado, en Lucchetti, con su marca Talliani, se embarcaron con todo para aguarle la fiesta a Carozzi, derrumbando su broche de oro con un aviso corto de presupuesto mínimo y echándolos al agua sin compasión. Fuerte y claro: ninguna marca chilena exporta pastas a Italia. Y cuando decidieran importar, será sin duda la marca de ellos. Obvio.
Al final, nadie ganó. Pero Carozzi se atrevió, al menos, a vender ese cuento. Un cuento que, encima, quisimos creer. ¡Pero es que cómo! Como venderle tacos a los mexicanos… o cerveza a los alemanes, o… en fin. Se entiende.
Y ésa fue, queridos pipiripaítos, la «pobrémica de los fideos». Cómanse toda la comida o si no, no hay postre.
Vamos a desbloquear. Pero esta vez, no sólo un réclame.
Cosas como ésta se ven poco. En su tiempo, casi nunca. Un mal día de la bendi descompaginaba entero el ambiente de una casa. Llegó, no dijo nada y rápidamente se refugió en su habitación. Nunca se dijo el por qué. Nunca se supo si fue bullying, o una pelea escolar... o ambas. Pero cada uno lo podrá reconocer en su pasado, porque estas cosas, paradójicamente en nuestra era de la información, no se hablan. El social media actual ama esconderlas. «Le dije que no tuviera vergüenza, que nadie se iba a reír. Porque los valientes… también lloran.»
Cuando la publicidad contaba historias. Un minuto entero se tomaron para contar ésta. Y no sólo contaron una historia. Pusieron un tema sobre la mesa de una forma adelantadísima a su época. Adelantadísima.
Tengo tantos elogios para los que crean la publicidad en nuestra época actual. Pero ninguno es para horario familiar.
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