Sal de fruta ENO. Esta vez, ocurrió a la inversa de otros réclames, en los cuales primero inventaron una frase y luego, a causa del réclame, la frase se hizo de uso común. Aquí no: fue la frase del día a día la que inspiró el réclame. El fin del «suplicio chino». Así que trajeron a un cocinero chino (de la China, del barrio Patronato o de quién sabe dónde) a preparar en pantalla la receta del «suplicio chino», para luego hacerlo desaparecer a pura sal de fruta.
Aún se puede conseguir sal de fruta ENO, pero Maver, el despechado licenciatario original, se hizo famoso creando su propio producto local y saliendo a venderlo como pocos. Sólo por eso, la ENO ya no es ni la sombra de lo que fue. Digamos que fue por eso.
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