24 de febrero de 2013

Prende la Antú: Leche fresca Soprole (1984)



Cuando vi esto, después de 25 años, me tocó la fibra -como dicen-. Esto es el vivo retrato de un desayuno típico de clase media. Leche y otros productos lácteos de la ya gigantosa Soprole se distribuían diariamente en camiones, y luego a través de los famosos "carritos" Soprole. La gente compraba la leche en bolsas y además en cajas, lo que era una modernidad para la época, considerando que hasta no hace mucho atrás la leche era distribuida en botellas con tapa de aluminio, esas tapas asesinas que había que sacarlas bien, o si no, dedos cortados. No existía el Tetra Pak, por tanto no existía la leche "larga vida" que tenemos la suerte de tener hoy. La leche duraba poco, por ello el esquema de distribución de camiones y carritos. La idea era envasar y distribuir rápido. Sin embargo, era algo que se veía sólo desde los barrios de clase media hacia arriba. Para las clases bajas, la leche estaba -con suerte- en los almacenes de barrio y era casi un lujo, cubriendo estas necesidades para la clase baja el gobierno y su afamada Purita. La voz de Javier Miranda -el "Tío Javier", como es llamado por las nuevas generaciones que valoran su legado- introduce estos 45 minutos con la frase "Mientras usted duerme, Soprole ya esta trabajando para llevar leche fresca a su hogar". Juro que nunca olvidé esas palabras, como un recuerdo grabado de infancia, de las tardes de Sábados Gigantes, y de esas onces en donde Soprole se hacía presente con suerte a traves de un pan de margarina.

Hoy el Tetra Pak nos permite tener cajas de leche guardadas por meses. El yogurt dura un poco más, pero refrigerado, lo que a diferencia de esos tiempos en que los refrigeradores eran un lujo -incluso los más asequibles-, ya no es tema. La variedad de hoy en día de productos lácteos hubiese sido impensada en esos tiempos. Y el Tío Javier, ya retirado, permanece como el recuerdo de una época bonita en que la felicidad era un desayuno con leche y mantequilla. Los camiones se achicaron y los carritos que aún viven fueron "enchulados" para vender completos o sopaipillas.

Para finalizar, "no hay nada mejor y más fresco que la leche fresca de Soprole" eran las palabras que cerraban este retrato de lo que podría ser facilmente titulado como "la ruta de la leche" o algo por el estilo. No todos podíamos tener algo así cada día en nuestra mesa. Pero ver esos 45 segundos incluso en esas descoloridas pantallas de un Antú o un IRT Alba era casi como lo mismo.

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