27 de febrero de 2011

26 de febrero de 2011

Chanchito Sabrosito te hacía ver sexy

Si a usté, amable visitante, le rayan las cosas añejas tanto como a mí a veces, seguramente se habrá topado alguna vez con un antiguo comercial setentero en blanco y negro donde aparece un típico chileno de la época saboreando un trozo de chancho en un asado familiar. Pues no era el único. También hay otro en un ambiente playero donde la gracia con el pedazo de chancho -de la carne de chancho, se entiende- la hace una dama. Escuche qué bien le sale el "chanchito sabrosiiiiitooooo..."

De antología.

Aportazo de museopublicidad.



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No falta el que pifia: Ricardo Meruane en Viña 2011

Sr. Meruane, Ud. esta noche se graduó de fome. 

No fue Dino, después de todo la gente lo quiere. Tampoco Gangas, se asesoró y se preparó para presentar un show que dejará atrás lo del '98 y lo logró. Tampoco Flores, que con su humor directamente importado de lo que no se vio en Morandé con Compañía bastó para hacer reír al mutante chileno promedio. No fue ninguno de los tres. Este año 2011, el devorado por el Monstruo del Festival de Viña fue... Ricardo Meruane.

A este me lo hacía retirado hace rato.

Alguien debió soplarle al oido que lo peor que pudo hacer era desestimar lo que el público le comunica. Es evidente que se trató de un capítulo, si no peor, al menos tan trágico como el de Gangas hace 13 años. No puedes restarle importancia a las pifias. Ni con decir que era parte de su humor lo justifica. Como si de unos  pocos pelagatos se tratara, "no falta el que pifia". Sí claro, esos cuantos eran el "Monstruo" entero encima.

Por de pronto, estimado Sr. Meruane, espero tenga a bien entender que la gente no pifiaba para que volviera Sting, sino porque su show era malo. Además, le recuerdo que usted no fue invitado a una kermesse de colegio. Usted fue invitado al Festival de Viña, un escenario de lo mejorcito que nos va quedando (y eso), así que debió preparar una rutina como la gente.

Me había enterado por twitter que la rutina era mala, pero otra cosa es verlo. Señor, usted se graduó de fome esta noche. Desaparezca. Tómese un año entero... no, mejor dos. Piense en qué va a hacer el resto de su vida. Porque humorista.... mejor olvídelo.



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23 de febrero de 2011

El Gangazo

De éstos abundaron...
Esta última semana fuimos testigos -y muchas veces parte- de un chaqueteo masivo ante la idea de que el otrora fracasado humorista Oscar Gangas, luego de 13 años pisara nuevamente la Quinta. Abundaron los memes de chistes fomes que, presuntamente, serían parte de su eventual segundo fracaso festivalero. Pero el resultado final estuvo lejazo de aquello que se pensaba. Sendas antorchas de plata y oro premiaron una rutina plagada de garabatos y regadas alusiones a temas sexuales, incluyendo chistes homofóbicos.

Había una vez una ochentera película de viajeros en el tiempo en que el personaje más joven a menudo cuestionaba los planes que su amigo, un viejo científico, ideaba para viajar a tal o cual época. Se apresuraba a decir que al ir a toda velocidad se estrellarían contra los indios pintados en la pantalla de un autocinema o caerían a un precipicio al llegar a un puente no terminado. "Estás olvidando la cuarta dimensión", le respondía el Doc.

No sé cuáles son las otras tres dimensiones, -pensarlo me quitaría buena parte de las horas de sueño, y mañana es día laboral como cualquier otro, así que no way con eso-, pero sí, me atrevería a hablar por la gran mayoría de la gente, al decir que nunca vimos la apertura editorial del ahora canal organizador, Chilevisión, como un factor que pudiera acarrear efectos radicales.

En efecto, esta versión de nuestro vilipendiado Festival de Viña es sin dudarlo la que tendrá la mayor libertad editorial que se recuerde. Antes, con TVN en los 70s y 80s organizándolo, no se podía hablar del gobierno ni emplear vocabulario vulgar por los tabúes de la época. Luego con la llegada de la democracia, se decidió licitarlo y así el certamen pasó a manos de Megavisión y luego Canal 13, estaciones de lineas editoriales marcadamente conservadoras.

Con la batuta en manos del ex-canal universitario, cuya misión actual es entretener al vulgo y ganar harta plata, hay pan y circo a raudales, incluyendo con esto contenidos y maneras de hacer humor antes prohibidas.  Las mismas que en su rutina de 1998, Gangas aseguró que no tenían por qué ser el camino único, apostando por un humor "blanco". ¿Decisión del propio Gangas o restricciones de la época? Lo cierto es que el pastelero es mejor haciendo pasteles que cualquier otra cosa. Así también, quedó claro que Gangas es un humorista, -a ver, cómo decirlo- ¿"picaresco"? ¿simplemente "vulgar"? ...y el humor blanco no le sale. O ya no hay público para eso. O simplemente un asunto de haber estado en el tiempo y lugar equivocados. No sé.


Así con la línea editorial, esa pequeña gran restricción con el poder de transformar una pifiadera monumental en un triunfo épico. Para pensarlo.

14 de febrero de 2011

Prende el Plasma: Oscar Gangas en el Festival de Viña '98

Fatal error. Empezar fome. Seguir fome. Después, en la mitad de la rutina ponerse a hablar mal de los chilenos. No podís. Luego seguir con chistes de festival de colegio. Después tratar de arreglarla halagando al "monstruo". Y finalmente, luego de una súplica y de sacar en cara el apoyo popular antes de subir al escenario, y del chiste "del honor", chao.





Una refrescadita de memoria a propósito del pastelito que nos van a servir en Viña 2011. Una de las pifiaderas más grandes de la historia del festival. Esto es lo que don Oscar Gangas tiene que revertir este año en el escenario más importante de Chile. ¿Tanta plata le ofrecieron para, eventualmente, terminar de matar su carrera nada menos que en Viña? En todo caso, ahora con el Festival en manos de CHV -Rey del Tongo®- uno esperaría cualquier cosa. Un Festival de Viña sin humorista abucheado no es Festival de Viña.

Minutos largos e indignos. Cómo aguantó tanto. Pase y vea.

(Aporte de rubenridden, vía jaidefinichon

9 de febrero de 2011

Prende la Antú: The Z! True Chilean Story: Pipiripao

Pipiripao tenía todo lo que necesita un clásico: un nombre raro, un canal con más ganas que presupuesto, animaciones memorables, un robot que hablaba, un fantasma mal hecho, un animador al que echaron por gordo y, como todo clásico, un principio y un final dignos de una Z! True Chilean Story.

(Por Werne Núñez, publicado en Zona de Contacto de El Mercurio, 24/11/2000)

A fines de 1997, después de trece años al aire en UCV Televisión con el mismo programa y con (casi) la misma ropa, Roberto Nicolini (41), "el tío Roberto", se fue del canal. Bueno, en rigor lo fueron. La razón: Roberto Vargas, el gerente de turno de la estación ("un ex marino" con "algunos cursos de administración"), consideró que el animador estaba demasiado gordo, viejo y pelado, frase que se hizo célebre durante al menos una semana tanto en los diarios de la zona como en algunos de la capital. Según Nicolini, Vargas le dijo que con la plata que le pagaba, "él podía contratar a diez minas para, bueno, cualquier favor sexual" (en UCV Televisión dijeron no conocer el actual paradero del ex director para confirmar la versión). El hecho es que Nicolini quedó fuera. Terminaba su carrera en UCV TV, una carrera que había comenzado a los seis años en el mismo canal, como el niño al que se le cumplían los sueños en Quiero ser, un programa animado por su hermana Pía Nicolini.

Con Pipiripao, Nicolini había levantado un programa a pulso, con presupuesto cero que sirvió, entre otras cosas, para salvar a un canal que no veía nadie y por el que nadie, ni siquiera la propia universidad, daba un peso.

Es por eso que con Nicolini fuera, Pipiripao nunca fue lo mismo. Ni la repetición de las repeticiones de monos japoneses como Jet Marte o Centella, ni la búsqueda casi frenética de una imagen que reemplazara la del voluminoso animador, ni las minifaldas de los nuevos rostros del programa pudieron darle otro fin a la historia.

En la práctica, Pipiripao no ha muerto, pero hoy camina como un zombie. ¿Qué pasó en el intertanto? ¿Quién tuvo la culpa? ¿Quién dice la verdad y quién miente? En las próximas dos páginas, intentaremos despejar la verdadera historia de Pipiripao. Un relato en el que se mezclan los chupetes y la envidia, los pañales y el dinero, los peluches y la vanidad. Porque, definitivamente, Pipiripao no es lo que tú imaginas.

El pan de molde

"Llegué a leer noticias por el pan de molde", cuenta Nicolini como prólogo de una historia más larga de lo que se pensaba. El pan de molde era su furgón, un Subarú 600 Carry All que arrendaba con chofer incluido, él mismo, al canal porteño. Y del volante saltó a la fama. Antes de llegar a ser lector de noticias, Nicolini fue productor de prensa, junior del Show de Goles e hizo las notas culturales para Archivo Pop, que conducía Sergio "Pirincho" Cárcamo.

Pero Roberto quería ser animador infantil y lo logró, con algunas coincidencias de por medio. "Tuve un ofrecimiento para reemplazar a Juan Guillermo Vivado en 525 Líneas, del Canal 11, pero no quise", confiesa. Víctor Bielefeldt, ex director de UCV Televisión, lo confirma: "A Roberto lo hicimos pasar de un programa de conversación que tenía los domingos en la noche, La Buhardilla, a hacer la continuidad en La mano mona de Monona, un programa con dibujos animados. Fue cuando la estación había decidido transformarse en un canal eminentemente para niños". La Monona era Amanda Lorca, la primera que ocupó este nombre en Sábados Gigantes, como la hija de "Los Valverde", aunque fue la segunda Monona, Marilú Cuevas, la que más tarde se quedaría con el nombre.

Fue entonces cuando Iván Arenas, el mismísimo Profesor Rossa, que hasta ese momento contaba en su currículum con haber sido utilero de la Tía Patricia y tener su propio show para niños en el canal, renunció a UCV e incubó la idea de hacer otro programa. Arenas se iba al 13.

La idea de Nicolini de hacer otro programa infantil podía empezar a tomar forma. Era solo eso, una idea. Porque recursos para concretarla no existían. Pero cuando no hay plata, dicen, basta con las ganas. Así fue como se reunieron, en abril del 1984, Bielefeldt, Nicolini, John Fleming (director del programa), Fernando González (músico, ex Congreso), Orlando Walter Muñoz (libretista) y un par de camarógrafos (entre ellos, Gastón Centeno, el hombre detrás del robot "Tongas") para dar vida al proyecto que cambiaría, por un tiempo al menos, la gris historia del primer canal de Chile. Materialmente, con lo único que contaban era con un títere peludo que llegaba hasta el codo y que la mamá de Nicolini había comprado en EE.UU., una cámara portátil y la sala de edición del canal. Al mono le pusieron Tuto, pero para el programa no tenían nombre. O tenían muchos.

"Éramos quince los que trabajábamos en todo el canal y todos hacíamos de todo", recuerda Nicolini. Así, la mitad de ellos se puso a pensar. Pasaron varios nombres. Ven a jugar, Aquí todos juntos, Jugando en la tarde y A la vuelta de la manzana fueron algunos, pero no.

Habla Víctor Bielefeldt: "Necesitábamos un nombre pegador y alegre, pero no lo encontrábamos. Así es que tomé un diccionario de sinónimos y antónimos y elegí la palabra Pipiripao, que significa algo así como una invitación a algo muy especial."

Dice la leyenda que usted tomó el diccionario y lo abrió diciendo que donde cayera su dedo, ése sería el nombre del programa. ¿Verdadero o falso?

"Falso. Eso es un mito."

Según Nicolini, la historia del dedo y el diccionario es real y él lo recuerda "claramente", aunque el resto diga lo contrario. En lo que sí coinciden todos es en que la idea de hacer el programa siempre fue de Víctor Bielefeldt, aunque Nicolini precise: "No sé qué decir en relación a eso. La idea es de él, pero el alma era yo. Uno tenía el propósito y el otro el talento". Esa disputa entre "próposito" y "talento" tendría mucho que ver con lo que iba a pasar después.

El factor Nicolini

Para algunos que recuerdan lo que veían en la tele de esos años, el Pipiripao eran las animaciones japonesas setenteras que daban interrumpidas por las historias y canciones del tío Roberto y sus personajes. Para otros, el Pipiripao era Nicolini. Sin embargo, los monos quedaron grabados en la conciencia colectiva de una generación (ver Interzona). Como el canal no tenía fondos, las series eran importadas por W-Unitar, una empresa que compraba las cintas de monos animados y se las arrendaba al canal para exhibirlas. De ahí el mito de que UCV TV tiene el mayor archivo de monos animados de Chile.

A los seis meses de andar, Pipiripao ya impactaba. Algunos datos: Fernando González, (ex miembro de Congreso, autor de otros hits de la Quinta región, como el tema de Mundo Mágico y del himno de Everton, Ever Forever, por si interesa) escribió la música y letra características del programa, el primer rap chileno usado en una cortina (Pipiripao/ es lo que tú imaginas/ pasarlo bien/ y aprender. Pipiripao/ es lo que tú imaginas/ en tu canal/ cerca del mar). En Pipiripao se llevó a cabo también una de las experiencias más recordadas en chroma key (ese efecto especial del Chapulín Colorado cuando se tomaba las pastillas de chiquitolina): el Fantasma, su castillo y su amigo Ble, otro fantasma. Debajo de la sábana estaba Arnoldo Jiménez, un actor que tras ser desechado por el canal porteño consiguió trabajo con el Profesor Rossa como voz en off de su programa en canal 13. Debajo de la sábana de Ble estaba Alejandra Perales, la tía Ale, una caricaturista que fue entrevistada por Nicolini en los inicios del programa y que terminó siendo su esposa, la madre de sus tres hijos y co-animadora durante los últimos años. Y el primer robot estelar de la tevé chilena, según ellos, también debutó en Pipiripao. Su nombre: Tongas. O Gastón al revés, como se llamaba su creador Gastón Centeno, ex camarógrafo y ex director del prtograma (1989-1991), quien se metía dentro del mono de fibra de vidrio y hablaba como gangoso para darle el efecto robótico que requería la ocasión.

Tongas fue un verdadero suceso. Tongas hacía "la informática simpática", explicando temas de computación acompañado de un Atari 800. En la historia, Tongas venía de un planeta donde a veces se le pasaba la mano con el "cherry oil" (el copete de su planeta). Su, digamos, popularidad le sirvió para ser contratado como protagonista de comerciales de un banco ecuatoriano que se filmaron en Chile. Tongas ahora está guardado en el garage de un edificio de avenida Pedro Montt, en Valparaíso, y a Centeno le han ofrecido según él mucho dinero por la carcaza. Pero no está a la venta.

El pituto de Tongas, sin embargo, no se compara con los que conseguía Roberto Nicolini durante los años que apareció en pantalla. Entre 1984 y 1997, Nicolini logró iniciar y sostener una productora (Nicolini & Perales Ltda.) y un circo al frente del cual recorrió el país y amasó el dinero suficiente para tener, entre otras cosas, cuatro casas en la Quinta región.

Esto, según Nicolini, causó envidia: "El diablo metió la cola, y no es chiste. La envidia es una institución nacional, y sobre todo regional". Para Eliana Mendoza, relacionadora pública del canal UCV, el asunto es muy distinto: "A él le servía estar en pantalla y el canal nunca le puso problemas, pero él nunca apreció que estar ahí le daba pitutos, y siempre amenazaba con que lo querían de TVN o de otros canales, pero nunca pasaba nada". Mendoza dice que el tío Roberto no ganaba mucho, como el resto del personal. Nicolini afirma que recibía $800.000 de sueldo más $700.000 en comisiones. Todo con boleta, porque nunca tuvo contrato.

Es el factor Nicolini. El elemento que convirtió a Pipiripao en un éxito, pero también en una bomba de tiempo.

John Fleming, ex director del programa: "Creo que el programa era Nicolini. Cuando él se fue, el programa se terminó. Aquí primaron los problemas personales y la falta de visión de los directivos del canal, por sobre la propuesta."

Gastón Centeno, ex Tongas: "El éxito del programa estaba basado en Roberto y el canal no le dio la importancia que debía, no lo supo apreciar. Hubo problemas por exceso de egos, pero también por falta de adaptación a los cambios y también de presupuesto."

Eliana Mendoza: "Creo que nunca debe hacerse un programa en torno a una sola persona. De todas formas, Pipiripao nunca va a desaparecer."

Roberto Nicolini: "El dueño de Renault en Chile un día me vio en mi Luv y me dijo que no podía ser, que me llevara una station que costaba once millones. Como le dije que no tenía plata, me dijo que le diera la Luv en parte de pago y el resto era regalo. Cuando me vieron en el canal con ese auto, nadie lo soportó."

A los días de este último hecho, Nicolini estaba afuera.

Muertos vivos

En los ochenta no había people meter, pero había auspiciadores, cartas y premios para medir. En los primeros meses del programa, la casilla postal del canal colapsó y las tres horas que duraba competía con los noticieros centrales de los otros canales se llenaron de auspicios que se mencionaban, sin repetir, cada diez minutos. Muchos de los avisadores, que eran captados en un principio por el propio director del canal, Nicolini y el productor, eran de Santiago, incluso cuando el programa casi no se veía en la capital. Y los premios, varios: el de la Asociación de Mujeres Periodistas, el del Consejo Mundial de Educación y tres veces el del Consejo Nacional de Televisión, entre otros. El Apes lo ganó cuando ya se emitía por La Red.

Pero nada valió a la hora del final. Ni el esfuerzo inicial, ni Tongas, ni el Fantasma, ni la decena de co-animadores que tuvo Nicolini, ni los monos japoneses, ni los personajes. Nada. Ni siquiera los niños, que a esa altura ya no eran tan niños.

Según los entrevistados, los aires de divo de Nicolini, sus constantes atrasos, sus inasistencias a la filmación y sus eternas amenazas de otras ofertas terminaron por liquidarlo. Nicolini, por su parte, insiste en hablar de envidias, de egos y de poca visión.

Roberto, oí que nunca aceptaste los cambios, que te creíste el cuento y hasta que eras borracho, drogadicto y le pegabas a tu mujer cuando trabajaban juntos. ¿Oí bien?

"Nada que ver, ¿alguna vez he estado curado en doce años de matrimonio? (pregunta mirando a su esposa). Se inventan tantas cosas. A mí me calumniaron. Lo que pasó es que le empezaron a buscar talento a gente que no lo tenía. Ví cada cosa, pero no me interesa estar mal con la gente del canal. Yo ya perdoné."

¿Pesa ser una leyenda?

"Yo prefiero decir que soy un clásico. Estoy vigente, y creo que la televisión chilena me debe una oportunidad".

Oportunidad que, según la gente de UCV, es difícil que llegue. Aunque cada uno de quienes alguna vez hicieron de Pipiripao el programa de tevé más visto por los niños de Chile, lo tenga como un silencioso e íntimo deseo. El mejor guardado.

Después del incendio (Epílogo)

Así como después de la guerra todos son generales y después del amor un cigarro, después del incendio viene la calma. ¿Así es el dicho, o no? En fin, después del incendio que arrasó con su restaurante en Olmué el año pasado, Roberto Nicolini quebró. Sin seguros y con la convicción de que no saca mucho con seguirle un juicio a quien presume responsable (paradójicamente, un niño), trabaja para pagar. Vendió sus autos, está a punto de vender una casa y anda por la vida en "el carismático", un destartalado Volkswagen que lo lleva de gira cada vez que sale, ahora, promocionando las actividades de la Fundación Paz Ciudadana, acompañado del perro Don Graf. Si bien los tiempos no son los mejores, Nicolini no se queja. Dice que está bien, bien endeudado, pero bien. Preparando un café concert con Marilú Cuevas ("Nicolini con Cuevas") y pretende presentar a los canales los argumentos de dos teleseries que tiene escritas. Nicolini está disponible, al igual que el resto del equipo original. En una de ésas, hoy es el comienzo de algo. El oxígeno después del humo. En una de ésas.