24 de octubre de 2010

Preto al Paso #25


La Javi ya ni pasa en Chile. De portfolio manager de una conocida multinacional se la pasa viajando.

En la foto, en uno de sus viajes, conoció a un personaje de culto: Art Fry, el inventor del Post-It.

La idea le vino en 1974, cuando supo del adhesivo creado por un colega, el Dr. Spencer Silver (a quien no se le ocurría ninguna aplicación para su creación) y tuvo la idea de usarlo como marcador de páginas de su himnario. El Post-It, como lo conocemos hoy, fue lanzado en 1977, pero fue un rotundo fracaso. Al año siguiente regalaron muestras y encuestaron a quienes las recibieron: un 90% de ellos afirmó que lo compraría. Ya en 1980, las notitas adhesivas de Fry se vendían a lo ancho de los EE. UU. y un año más tarde aparecieron en Canadá y Europa.

No cabe duda: estos tortolitos tienen mucho que agradecerle al Sr. Fry...

10 de octubre de 2010

El Gato Viudo

Era de cada vez que íbamos a comprar al super. Pensaba en el nombre del lugar y se me imaginaba que era donde se juntaban los gatos del barrio a armar la previa con las gatitas. Y me acordaba de una canción muy antigua "Gatito (...) que le gusta bailar, con todas las gatitas, que en el boliche están..." El logo de sus últimos días era un gato negro con un brazo levantado. Nunca supe si ese brazo levantado estaba rasguñando o saludando. Tampoco supe si en alguna otra época tuvo mejor fortuna.

Buscando en Internet, descubrí que el restaurant "El Gato Viudo" había sido inaugurado en el año 2000, tomando el nombre de un antiguo bar santiaguino. En YouTube encontré un video, -el link es sólo la primera parte- de la inauguración. La descripción reza "Inauguración Restaurant EL GATO VIUDO / Realizado el día sábado 3 de junio de 2000 / en Gran Avenida 6140 Santiago de Chile. / Con su anfitrión Nibaldo Rodriguez e Invitados." Don Nibaldo, por lo que hablaban sus amigos en el video, era una persona ya mayor, que al fin había decidido hacerse empresario y montar su restaurante. Para la inauguración invitó a familia y amigos. Me llamó la atención la luminosidad del lugar, considerando que en sus últimos días el lugar chorreaba oscuridad y abandono.

El asunto es que hoy, en la visita al super me di cuenta que habían sacado todos los letreros de la fachada. Se murió el Gato Viudo.

Y a nadie, creo yo, le importará este post. Pero sentí ganas, o mejor dicho, sentí lástima de ese lugar venido a menos y, aunque nunca hubiese querido entrar, me dio pena que muriera. ¿Dónde los gatos de la cuadra se juntarán con las gatitas ahora que cerró el Gato Viudo? ¿Habrá quebrado? ¿Se habrá muerto el dueño?

En eso pensaba. Hasta que ya no vi ningún auto y crucé para ir al super.

Actualización: El Gato Viudo aún vive, pero sólo de noche (¿a alguien le importará?).

7 de octubre de 2010

No tengo vuelta #1


Cuando chico una noche soñé que me invitaban a una suerte de parque de diversiones. Y ese parque de diversiones tenía, por cierto, a los típicos personajes disfrazados, que eran como los de Disneyworld o Mundomágico (o el Mampato.... entre paréntesis, ¿tienen personajes en el Mampato?), con la diferencia que no los conocía nadie. Resulta que estos personajes estaban felices de tenerme con ellos pero, por alguna razón que no recuerdo, los rechacé y me aparté de ellos. Sin salir del parque, aún me los encontraba caminando, juntos. Yo, apartado de ellos, los veía ir y venir a lo lejos, en otro nivel, bien arriba, y los niveles estaban conectados por escaleras mecánicas como las de los malls, así que mientras yo subia, los veía a ellos al frente bajando. Me miraban, pero sólo eso, miraban. Y sus caras, como queriendo decirme "nos perdiste para siempre".

Muchos años después, en la casa en la que vivía antes de independizarme, un día, sin pedirle permiso a nadie, mi viejo sacaba todas sus cosas del dormitorio que compartía conmigo y, a falta de un tercer dormitorio, las puso en el comedor y, enojado y serio por sentir que estaba incomodando mi privacidad, se instaló ahí. Como el comedor estaba al fondo, puso un mueble grande en medio para que la cama no se viera tanto desde la entrada. Y así fue hasta que me independicé.

Hoy, en la oficina. Cansado de ser el "distinto" del grupo y del ambiente "shacotero" del resto, tomé mis cosas y, sin permiso de nadie, fui a otro escritorio del área de al lado y me instalé. La gota que rebalsó el guáter: el chiflón de aire frio del sistema de aire acondicionado. Terminé discutiendo con un tipo de esos que andan llevando documentos y que comunmente se les llama para que, entre otras cosas y "por la módica suma de", suban o bajen el aire acondicionado. Digamos que le tenía sangre en el ojo desde el tiempo en que hacía la práctica y se enojó porque en el baño sacaba mucho papel. Me agarré con él. Pero no me siguió, limitándose a un "ya, pero eso dígaselo a XXXX..." Y la verdad de ese aire acondicionado es que fue mal instalado y que, para corregir eso, habría que hacerlo todo de nuevo y eso costaba mucha plata (¿les suena familiar?).

Quienes me rodeaban tenían tres alternativas:
a) Unírse a mi reclamo.
b) Hacerse los huevones.
c) Cagarse de la risa.
Y no fue hasta varias horas después que me dí cuenta: había actuado como mi viejo. Y había sido peor: se habían cagado de la risa de mí. Más nefasto aún, tuve que pasar el día entero en otro lugar para que ese lugar que me había tomado no se viera ocupado y la gerenta no pusiera el grito en el cielo...

No tengo vuelta.

Preto al Paso #24


Así te cambia el ánimo, de un momento a otro.