27 de febrero de 2005

Al comenzar un nuevo año (académico)

Sigo preocupado por lo que contaba en el anterior post. Me quedan $51,20 en el celular. Si le mando un mensaje de texto me voy a quedar sin ni uno para al menos hacer sonar el teléfono al otro lado y que me llamen de vuelta. La próxima semana voy a casa de un amigo y entonces talvez pueda aclarar el asunto con ella a punta de MSN... Su semestre viene con la clasica dualidad trabajo/estudio. Las posibilidades de juntarnos se van haciendo casi nulas, así que me estoy haciendo la idea de que, aunque volvamos a estar bien, sólo mails habrán de aquí a un buen tiempo. Triste.

Espero en este nuevo semestre poder sacar a relucir mis nuevas ideas sobre ir a la pelea, aunque creo que será bueno hacer algunas aclaraciones respecto a esto. En primer lugar, no se trata de ir a la pelea siempre, sino sólo cuando mis esfuerzos puedan servir para lograr un objetivo. Si noto que, por más esfuerzos que ponga, el objetivo no se logra, no peleo. Sencillo.

Este semestre tambien viene otro cambio brusco: no hay pastoral. No hay grupo de misiones, no hay almuerzos en el Fud Guaren, no hay nada de eso. Siento de vuelta de un mundo en el que no encajé nunca. Que hice mis esfuerzos, los hice. Soporté muchas situaciones incómodas, desencuentros con otros misioneros, faltas de fe pasándome la cuenta y provocando multitud de sinsabores en cada una de las misiones de la universidad a las cuales fui. Vuelvo a darme cuenta que no sirvo para seguir una religión. Prefiero mirar eso desde lejos, ya sin ganas de formar nuevamente parte de eso porque mi lugar no está ahí, ni en las misiones, ni en la preparación para los sacramentos (intenté confirmarme tres veces por la religión católica en la pastoral y las tres fallaron) ni en ninguna de las instancias que me ofrecieron quienes conversaron conmigo antes de venirnos desde las misiones. Porque todo me recuerda ese mundo de gente pudorosa que se escandaliza por mi afecto, que quiso hacerme parte de su grupo pero que en el momento en que peor estaban las cosas me dio la espalda.

Trataré de encontrar la paz en mí mismo. Porque uno sólo se tiene a sí mismo y los demás pasan rajados en auto.

26 de febrero de 2005

Soy apostador y la gota que rebalsó el vaso

Hoy sábado 26 de febrero a las 1:45 de la mañana, mientras quienes no estan de vacaciones carreteando y divirtiéndose a destajo -porque ese es el estilo de vida que se está llevando, del cual obviamente no formo parte- están durmiendo, me tomo el teclado para decir que soy un apostador compulsivo. Aunque en mi vida he comprado con mi plata algún cartón de juego de azar y mucho menos he apostado a los caballos o en algún casino de juegos, declaro que soy un vil apostador. Me acostumbré a recibir recompensa por todos y cada uno de los esfuerzos que hago. No tengo que ir muy lejos para darme cuenta, sólo basta revisar el triste mundo de los llamados por teléfono. Me vi forzado a abandonar un mundo en el que el precio de llamar por teléfono no superaba los $5 por minuto (línea telefónica residencial) para terminar en otro en el que el mismo minuto cuesta $120 (celular de prepago en horario económico). Debo contentarme con una tarjeta de $3500 mensual gracias a la Fundación Mi Hermana. A ver, dividamos por 30 días para ver qué sale: se me permite gastar $116 diarios en teléfono. Si el minuto vale $120, puedo hablar 0,972 minutos diarios (app.), esto es, 58 segundos (app.). Esto no es vida para nadie.

¿En qué terminan estos llamados comúnmente? Frecuentemente terminan en invitaciones para conversar en persona. La probabilidad de aceptación de estas "desinteresadas" y "pobres" invitaciones ronda el 10% o 20%. En vista de este desolador escenario, más vale escoger a las personas/situaciones/horas más favorables para incrementar este magro desempeño. Pero dejando de lado el sarcasmo (corrijanme si usé mal el término), esto nos deja ver algo demasiado triste, y es que hoy en día la gente en general vive demasiado ocupada y por comodidad no se hace el tiempo para romper la rutina del día a día. Los motivos para rechazar invitaciones llueven y son de los más diversos tipos y aunque podría pensarse en que frecuentemente son pretextos, en mi caso personal casi siempre son motivos verdaderos y válidos. Y todo ello por la clásica vida universitaria o laboral (la de algunos, los que no tienen ni uno y, obvio, los "egresados") en que hay que correr de un lado hacia el otro para cumplir con todo. Y así como hay gente que valora más cumplir con los deberes del trabajo o del estudio, habemos otros que, de vez en cuando, nos salimos de lo de siempre para dedicarnos a otra cosa, algún hobby o simplemente descansar. Y ambos mundos a veces entran en conflicto. Porque el problema no es descubrir si el motivo de rechazo era una excusa o un motivo "válido". Es sencillamente que... ¡otra vez nos quedamos sin cita!

Por desgracia, esta situación se me repite mucho, con personas diferentes o en circunstancias distintas. Cuando la otra persona se lo toma personal, ello introduce una complicación adicional. Y si consideramos que la historia me pesa, ello ya desemboca en un desastre de marca mayor. Porque queda la tarea de explicar a la otra persona que no es "su culpa", que no se trata de una persona descorazonada que se niega egoístamente a compartir su tiempo con uno valiéndose de algún pretexto para "correrse", sino que en ningún momento dudamos del motivo que usó para negarse a nuestra (vuelvo a repetirlo) "desinteresada" propuesta, y que, aún más, el desencuentro es nuestra culpa, por la incapacidad de deshacernos de la "mochila" de experiencias similares que guardamos como penosos recuerdos del pasado y que siempre estuvieron llenando el vaso casi a tope. Un problema similar, que pudo ser del tamaño de una mosca (pero que "se parecía" a estas experiencias del pasado) es un potencial provocador del arrebalsamiento de nuestro vaso.

Las cosas que me pasan no me extrañan en lo absoluto. Soy un vil teenager con la edad (y sólo la edad) de un adulto joven. No sé hacia dónde voy, no hablo con mi viejo, me siento torpe a veces, ese tipo de cosas. Estoy viviendo etapas atrasadas, tratando de aguantar lo que venga, guardando enseñanzas en el disco duro y esperando que no se borren al día siguiente y, desde luego, esperando que este desencuentro por el que estoy pasando no llegue a durar un año. El show debe continuar, Pretoriano. Así que de pie, a sacudirse la tristeza, aprovechar el fin de semana para reflexionar y que esto no vuelva a ocurrir. Y a seguir caminando.

Cambio y fuera. 2:40. Casi una hora escribiendo todo esto... WOW!

21 de febrero de 2005

Escalas de valores

En un arrebato reflexivo de mala muerte acabo de concluir que todos los problemas del mundo se deben a que cada uno de los seres de este cada día más decadente planeta lleva una escala de valores distinta y que por eso no se ponen de acuerdo y pelean en vez de hacer bien su trabajo como habitantes del planeta y de ahi todos los problemas. OK, sí, reflexión barata, pero es lo que hay. Y sin ir mas lejos, estaba hace un momento probando esto de las diferentes escalas de valores. Estaba leyendo el diario de vida de mi hermana. Pero antes que me crucifiquen por hacer algo tan vil... yo y mi hermana tenemos distintas escalas de valores -sin ir más lejos-, es así como mi hermana tiene diario de vida mientras yo preferí tener blog (y el flaite que le robó la bicicleta a mi viejo desde la puerta de la casa sin duda tenía otra escala de valores). Así que quise leer el blog de mi hermana para descubrir por qué a veces anda tan idiota. Su año pasado estuvo plagado de cuasi metidas de pata, minos un poco atrevidos en sus proposiciones y momentos de todos los sabores.

Siento que he llevado una vida que se pudre de fome. La vida de mi hermana sigue siendo 20000 veces más social que la mía pero ahora ella sale más de una vez a la semana. En rigor, de lunes a viernes y a veces el fin de semana. Es que ahora ella trabaja y llegar con plata a fin de mes me va dejando a mí como el mantenido de la casa y a ella con licencia para dar rienda suelta a toda su sarta de mañas. El resultado es que ahora se puso más idiota que antes.

Volviendo al diario de vida, me queda dando vuelta por qué las mujeres son tan atadosas mientras que el hombre es bastante más práctico. Talvez todos mis fracasos con el otro sexo no hayan sido por mi culpa exclusiva sino por este rollo que cada mujer tiene. Como dice la canción de la Julieta Venegas "...qué más quisiera yo que ser feliz y darte amor amor..." -y dicho sea de paso, me ha dejado llorando con dos de sus temas arriba de una micro-, para una mujer enfrentarse a la posibilidad de una relación amorosa es un dilema existencial cuando ella no estaba pensando precisamente en aquel varón que le presenta, esperanzado, su propuesta amorosa.

Mi hermana dice en su diario que aprendió que amigos son amigos y minos son minos. Yo digo que las amigas son muy pocas y las minas... no valen la pena. Otros valores. Por suerte, actualmente tengo a alguien por quien vivir, alguien con quien coincidimos en nuestra necesidad de cariño, en nuestra confianza para compartirlo y en nuestra promesa de amistad por siempre.

14 de febrero de 2005

Los múltiples caminos hacia el tiempo presente

Miro la foto. La vuelvo a mirar y me da pena. Siete años no son poco. En las vidas recientes de cada uno de ellos hay una palabra que resuena y hace enfrentar la vida con tranquilidad: "egresado". Egresados de Ingeniería en una prestigiosa universidad. Mi vida tiene marcada la misma palabra, pero en un tiempo que se ve tan lejano hacia el futuro y que pareciera escaparse para quedar definitivamente fuera, inalcanzable. Y a uno le gustaría que ese tiempo desapareciera y que tal palabra apareciera en un futuro inmediato ante mí. Y ganar un sueldo que, aunque "miserable" en comparación con los de gente que lleva más años trabajando en lo mismo, es varias veces el dinero con el que vivimos mes a mes. Sería casi como ganar un premio grande. No tendríamos que arrancar cada vez que no se puede pagar un arriendo. Mucho menos tener que enfrentar una demanda. Mi familia viviría en una casa propia y si tuviera suerte hasta podría independizarme. Porque las cosas son así. Las diferencias entre el sueldo que gana una persona profesional y una que no lo es son grotescas. Como para gritarle en la cara a cualquier pelagato en una empresa grande que en mi casa vivimos con la cuarta parte o menos de lo que él gana. Porque ser pobre crea esa mentalidad y no es fácil sacársela.

Con este panorama, no me quedan ganas de vivir el aquí y el ahora. La palabra "egresado" en las vidas de otros me pesa y harto. Y no sólo por lo explicado antes: cuando cada uno de mis amigos egresó, tomo su propio camino. El año pasado la Claudia celebró su cumpleaños pensando en que sería el último cumpleaños al que asistirían todos. Ahora cada quien está en lo suyo. Cada cual ha tomado su propio camino y sólo quedan los recuerdos de un grupo de amigos que alguna vez fue increíble. Quedan las ganas de volver el tiempo atrás (ya sé que suena cursi) y volver a vivir esos momentos, corregir lo que hice mal, volver al presente y en una de esas haber podido cambiarlo y hacerlo más alegre y pleno. Al mirar hacia atrás vuelvo a ver un grupo de amigos que alguna vez llenó gran parte de mi vida, como alguna vez lo fue el centro de alumnos o la Pastoral, o mi mundo más reciente y que acaba de terminar, las misiones. Se siente que los amigos no son para siempre. Ya no me atrevo a llamar a nadie. Los buzones de voz no me alegran. Los llamados "equivocados", menos. Siento que cada uno, en el fondo de su persona, no invertiría tantos recursos en prolongar los lazos con el grupo. Cada uno ha decidido -o está pronto a decidir- que la salida de la universidad y el ingreso al mundo del trabajo implica sí o sí un dar vuelta la página para comenzar una nueva etapa en sus vidas. Naturalmente el quiebre no es cien por ciento radical. Siempre se mantienen lazos con quienes uno siente más cercanos. Y hablando de esto, creo no ser el mejor amigo de nadie. Así que tengo una buena razón para comenzar a preocuparme, a menos que pretenda voltear la cara a esta situación pretendiendo creer que el cuento del mejor amigo es una soberana huevada porque, de hecho, pareciera serlo. Es raro ver que una relación de "mejor amigo" sea tal hacia ambos lados. Comúnmente nuestro "mejor amigo" o "mejor amiga" no nos considere a nosotros como tal. Para eso tiene a su alrededor a mucha otra gente para elegir a su "mejor amigo", digamos, porque aquella persona tiene mayor éxito socializando con el resto, y pretender reciprocidad de parte de la otra persona parece lo suficientemente egoista como para considerarlo un acto despreciable por parte de nosotros y nuestra pobre autoestima. Cuento corto: he decidido que los mayores amigos no existen y que, si existen, lo son por un tiempo y luego cada quien hace una reevaluación de quienes están cerca de si y reorienta su camino si es necesario.

Con esta deducción sobre los amigos, todos estos caminos parecieran terminar al final de cuentas en una verdad que no se lleva bien con mis ideas de huir del aquí y del ahora. Lo único viable pareciera ser vivir el presente con todo porque es lo único que en verdad existe. ¿Y qué es lo valioso dentro de este nuevo esquema? Los amigos recientes. Disfrutarlos a concho. Cada amigo reciente es una nueva oportunidad de comenzar de nuevo (y valga la redundancia). Pero, más que los amigos recientes, aún mejor son quienes son capaces de darnos ánimos de valorar el presente y quedarnos en él. No mirar ni hacia atrás ni hacia adelante. Vivir el ahora que es lo único que existe.

Y miro la foto otra vez. Si estuviera aquella persona, sería la foto perfecta. Pero ese día no pudo ir allá. Linda foto, pero cada uno de ellos vive una vida tan distinta y opuesta a la mía y está pronto a dar vuelta la página. Un sueño me hizo ver que hay amigos que lo hacen volver a uno al presente. Porque al final desapareció el maletín con dinero y proyectos listos para realizarse, porque el maletín y su contenido no son aún parte de mi mundo. Pero una persona siempre estuvo, en ese sueño futurista y, mejor que eso, también en mi presente.

6 de febrero de 2005

Divagación fominguera

Estoy haciendo cosas que no hago o no debería estar haciendo. Reviso el Mercurio de hoy domingo. Nunca compramos ese diario. En realidad nunca compramos ningún diario. Sólo hoy, para ver los avisos económicos a ver si sale el aviso de alguna casa que valga la pena arrendar. Escucho música clásica. Con audífonos. Talvez porque es la única cosa que puedo escuchar que no me recuerde mi vida de siempre. Hacer lo que no se hace nunca. Parece ser una terapia de lujo para desconectarse de la vida que uno lleva hasta el momento. Pero no. Avril Lavigne en la otra pieza y a todo volumen no me ayuda. La entiendo. Mi hermana también se siente como el traste. Mi familia estaba afirmada con alfileres. Estaba. Ahora pareciera que tiene una firmeza similar a una torre de cartas. No vayan a soplar...

Más rato voy a salir. Pero de la manera que salgo yo, es decir, sin salir. Me voy a ir a dar una vuelta por el Parque Arranco o el Alto No Sé Cuánto a mirar ese otro mundo, porque ya bien aburrido estoy de éste. Veo a una amiga que está con su club de Lulú compartiendo un café, conversando de cosas de mujeres, ah, esos asuntos... Me saluda desde lejos. Siento que me quiere. No me acerqué porque siempre me han incomodado los clubes de Lulú. Me doy una vuelta para dirigirme a una máquina de bebidas, pero me detengo. La Maca de las misiones volvió de sus vacaciones y se dirige a una de las máquinas. A la entrada de unas monedas le sigue la sonora salida de una lata de Coca Light. Me mantengo a distancia. Debo ser prudente. Después de todo, talvez aún crea que soy un pervertido, psicópata o algo así, por lo que no creo que sea una buena idea tomar la iniciativa. Pero lo que sigue se sale de todos mis planes. Da media vuelta y se dirige a donde estoy yo, caminando como si nada.

- ¿Cómo te va?
- Bien - respondo, aunque los sucesos recientes en mi familia me tienen hecho mierda.
- ¿Has visto a alguien más de misiones?
- A nadie, ni siquiera he salido de mi casa, pero me sentía un poco mal y por eso salí...

La conversación me incomodaba más a cada segundo que pasaba. Había que terminarla ya, pero no atinaba a nada.

- ¿Recibiste el mail del [...]? Va a haber asado de misiones en marzo...
- Sorry, pero no creo que vaya. Me voy a dedicar a estudiar, mejor será... Y disculpa que me tenga que ir, pero es que tengo que ir a hacer algunas cosas por aquí cerca, unas cuadras más allá.
- ¿Te puedo llevar? Ando en auto y ya me iba...

Al poco rato, ya estaba dentro de su auto y me imaginaba mi futuro. Una salida nocturna o mi trabajo de todos los días. Aprovecho el rato que la Maca sale del auto a comprar a la farmacia. En cinco minutos alcanzo de sobra. Salir sin salir. Es mi arte. Así que en un segundo me encuentro manejando el auto y saliendo del estacionamiento a dar una vuelta mientras la Maca compra sus cosas. En el asiento del copiloto veo un maletín. "Ese maletín no es de la Maca" pensé. Era un color café oscuro. Lo abro y me sorprendo al notar que la chequera lleva mi nombre. En otros compartimentos veo un Mercurio del año 2009 y una carpeta con algunos proyectos. No me reponía de mi asombro por haber dado tal salto espacio-temporal... cuando me encuentro a pocas cuadras con cierto personaje parado en la esquina. Me pareció familiar. No es muy seguro llevar a cualquier persona que uno se encuentra en la calle -menos aún si el auto no es de uno- pero su problema era evidente. La clásica pana del tonto.

- Buenas tardes. Sabe que me quedé en pana y no conozco mucho estos lados... ¿No sabe dónde hay una bomba de bencina por aquí?
- Yo tampoco conozco mucho por aquí, pero creo que hay una Copec a unas 10 cuadras de aquí, por Manquehue. Si quiere lo llevo.

Al comienzo me asuste por la Maca y porque no iba a alcanzar a estar de vuelta para cuando saliera de la farmacia, pero luego pensé que estaba en el año 2009 y que de seguro ya hace harto rato ella había salido de allá. Así que me despreocupé y "llevé" a este tipo a buscar combustible. Cuando ya habían pasado hartas más de 10 cuadras, me detuve y le dije:

- ¿Sabe que? Como ya le dije, no conozco mucho este sector y pasamos las cuadras y no veo ninguna bencinera, pero antes que se vaya tengo algo que entregarle.

Medio molesto, medio sorprendido, me continúa escuchando. Volteo hacia mi maletín y desarmo un fajo de billetes. Saco algunos, los cuento y se los entrego al sujeto. No me gusta aprovecharme de la gente ni quedar debiendo plata. Le dije al sujeto que mi viejo hartos saludos le mandaba. Hace cuatro años le quedó debiendo unos dos meses de arriendo. Así que no me interesaba mantener una deuda así por más tiempo. Le entrego los billetes que había sacado del maletín. Quinientas lucas. Quise darle más porque ya habían pasado cuatro años y los intereses y que la plata obviamente vale menos ahora que antes y todo eso. Le digo que con esa plata le alcanza de más para un taxi. Luego pongo el auto en marcha de nuevo y vuelvo a detenerme unas cuadras más adelante. Miro por el retrovisor. Me acuerdo cuando este tipo basureó con mi viejo esa vez y ahora me correspondía a mí basurear con él. Pobre huevón.

Luego, por curiosidad, vuelvo a abrir el maletín. En alguno de los documentos que contiene tenía que estar escrita la dirección de mi casa. Cuando estaba en eso, mi amiga del mall me golpea el vidrio. Le abro la puerta del lado, nos abrazamos y cuando nos despegamos me di cuenta que algo faltaba y me puse a mirar por todos lados. El maletín no está. Pero encuentro la sección de económicos del Mercurio con varios avisos marcados. Veo la fecha: 6 de febrero de 2005. Vuelta al retrovisor y viene una patrulla de Carabineros metiendo ruido y la Maca dentro apuntando hacia nosotros. Seguro que cree que, aparte de pervertido, me aproveché de ella y su confianza y ahora soy ladrón porque le robé el auto.