La auténtica alpargata.
Asà fue la aventura de las Alpargatas Iberia, una empresa familiar muy artesanal que aún existe y que, en un acto bien alumbrado, en los ochentas y noventas se atrevió a poner réclames en la tele. Réclames de los que, muy posiblemente, éste sea el que mejor se recuerde.
SÃ, salió por dos pesos. SÃ, el doblaje es muy maqueta. Pero fue uno de los últimos suspiros de ochentismo en la tele. Y se le quiere. Orgullosa o culposamente, se le quiere.
Yo me quedo con que al fin pude saber cómo era la letra del remate del jingle, el que vivà toda una vida creyendo que decÃa otra cosa: «¡Iberiaaaaaa, woooo... taz!» Una pasada a 0,5x y una escucha atenta, me hicieron descubrir... que no era asÃ.
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«Será exagerado... pero... ¡Es que no hay pollo como Super Pollo!».
Fue el dÃa en que, en una campaña noventosa, los de Super Pollo tomaron mucha inspiración cartoon. Todo un destrozo para mostrar que, cuando el pollo no era Super Pollo, nada más importaba. Y terminaron derrumbando una carnicerÃa o, en este caso, deteniendo una mudanza y dejando caer un piano.
Mucho Looney Tunes en todo esto.
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Si bien es cierto, hacia el final de la temporada de 1985, Cachureos experimentó con público en el estudio, no fue hasta 1987 que el programa al fin se concibió de esa forma. Entre las novedades de ese año, llegó el Señor Lápiz. Con la gracia de ser capaz de dibujar algo en base a lo que sea que le hayan tirado como esbozo loco en el papel, el personaje prendió en poco tiempo.
Pero serÃa a raÃz del corpóreo de un sponsor y del éxito que éste tuvo, medido por cartas enviadas al canal, que Marcelo se decidió a introducir más personajes en forma de corpóreos, los que eventualmente terminaron reemplazando a los chicos, cuando éstos crecieron.
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El dÃa en que una marca de piso cerámico subió al columpio a la tÃpica soa fan de la limpieza.
O sea, vendes piso cerámico y quieres destacarte por sobre otras alternativas. ¿Qué haces? Después de pensarlo, no lo dudas más y le pegas a los otros pisos donde más les duele: son eternos necesitadores de cuidados. Que las cenizas, los lÃquidos, el barro... ¡EL BARRO!
En serio, es que todos los que éramos cabros chicos en esa época tuvimos a una mamá o a una tÃa o a una abuela preocupada dÃa y noche de la limpieza de la casa. Y si en una visión de futuro distópico ochentera tipo cyberpunk ya se veÃa a la tecnologÃa como vigilante y opresora, Cordillera le dio una vuelta y en su réclame no era la tecnologÃa la que jugaba ese rol, sino que eran esas advertencias que todos escuchamos en casa, cayendo sin compasión sobre quienes estaban obligados a pasarle virutilla al piso de parquet y a aspirar alfombras por el resto de sus dÃas. Hasta que, literalmente, uno de ellos vio la luz y descubrió algo que al fin cambió esa «realidad distópica» del virutillado y aspirado eterno... por algo mucho más amable y realmente moderno.
No sé si esta visión distópica del aseo del hogar sacó muchas ronchas en su tiempo. Pucha, qué digo, tal vez no pasó nada pero, en fin, el réclame de Cordillera lanzado al año siguiente fue bastante más amable...
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Nunca vimos ni escuchamos más futurismo en la tele sólo para vender una cera. Y además lo presentaron todo como un juego de avanzar casillas, en que se enfrentaban la cera Bravo en cuestión, versus la cera común (que se súperagradece que no hayan cedido al cliché del envase feo con una X). Avanza tres espacios, vuelve al punto de partida… hasta me daban genuinas ganas de agarrar la enceradora y jugar a encerar la casa. Ni de chiste nos permitÃan eso.
Además de la ambientación frÃa y media espacial, estaba esa música electrónica que cuando chicos nos sonaba súper rara y que, de seguro, le inspiró miedito a más de alguien. Súmale la pantalla en blanco y negro que muchos todavÃa veÃamos. Yep. Mucho miedito.
El otro dÃa veÃa a un youtuber explorar un hospital abandonado desde esa época y no supo reconocer el piso plástico. Por alguna razón este tipo de piso, que en los ochentas estuvo en su top y que, pese a todo, por ahà todavÃa resiste, ya pasó de moda hace rato. Le cedió lugar a los pisos flotantes de hoy en dÃa. La generación actual casi no los conoció.
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