17 de enero de 2016

Disteclia: Un atardecer en el 23



Termina el fin de semana y el tiempo destinado a olvidar la rutina maldita apenas rebasa la mitad. Pero aunque así fuera, hay cosas que te recuerdan que cuando el camino va en la mitad, es porque pronto acabará. Una visión pesimista, claro. Hay gente a la que le gustan los atardeceres y no se le pasa por la cabeza que el pronto anochecer es el fin. Para esa gente no hay finales, no se entristecen ni se lamentan por lo que no hicieron, porque para ellos siempre hay un mañana y una nueva oportunidad para hacer no sólo lo que no alcanzaron a hacer antes sino que además hacer cosas que están descubriendo todo el tiempo, porque mientras más miras el mundo, mientras más lo exploras, más grande éste se torna.

Pero estamos nosotros, para quienes el atardecer es el paso previo a la oscuridad, y la oscuridad es el fin.

Voy a volver a estar aquí algún día, en Viña, este lugar en el que la última vez que estuve me pasearon con una venda en los ojos. Pero esa vez ya no será desde un piso 23.


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