29 de agosto de 2015

Radio Preto Podcast #9: El pololeo... fuera del pololeo (Parte 2)

Y sigo hablando de emparejarse... sin haberlo vivido. Rescato algo que no hablé en la edición pasada: las demostraciones públicas, o algunas de ellas. Y... además me di el lujo de mostrarles la realidad en un futuro no tan lejano a esas personitas que en todo momento y lugar se dedican un "te amo" (aaaahhhhhh...). Lo siento, pero es así.

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24 de agosto de 2015

El Spot del Recuerdo: Panchito... no vendrá (1981)



Quizá el vicio más "subdesarrollado" de la cultura chilena es buscar culpables. Aquí, en este video, es lo que menos importa. Una niña, en un columpio, pensando en qué hacer, cómo seguir. "Panchito... no vendrá tampoco hoy..." comienza con voz seria el locutor en off. Y enuncia causas en forma tan vaga que al final pierden importancia en sí solas y que no hacen otra cosa que reforzar la frase final. Un accidente de tránsito es de esas cosas en que la "culpa", en caso que obstinadamente se quiera aludir al concepto, la tienen todos y nadie a la vez. Como esas cosas que pasan pero que pueden ser prevenidas, que vienen tal vez de lo fortuito. La prevención es eso, precisamente: el arte de doblarle la mano a lo fortuito, al destino.

Y nos queda el hecho final, el precio: Panchito... no vendrá.

12 de agosto de 2015

El Spot del Recuerdo: Instituto Itesa (1993)



"Itesa está contigo, Itesa es tu camino, sí, ¡Itesa está contigo!" 

No sé quién le copió a quién. Si el Simón Bolivar a Itesa o al revés. Lo único que no tenía Itesa es esa mala idea de irte a buscar a la playa o a tu lugar de vacaciones para ir... ¡a estudiar! Itesa no mostraba nada muy nuevo, pero decía tener "un prestigio bien ganado". Pues no tanto, porque como todos recordarán, Itesa quebró en el 2000. Lo curioso es que en Google Maps todavía aparece una sede de Itesa en Av. España 115, pero lo más semejante es una sede de IPChile en el 169 de la misma calle.

Mira también: El Spot del Recuerdo: Centro de Formación Técnica Simón Bolivar

Aún así, nos queda el famoso jingle que, aunque no pegó tanto como el de Super Burros, bah, Simón Bolivar, se merece su espacio en el inconsciente colectivo, por no decir que ya se lo ganó.

Estuve a punto de darlo como El Spot Malo, pero le tuve compasión.

9 de agosto de 2015

Disteclia: Un futuro ilusorio

Ayer iba a escribir algo de lo sucedido antenoche, pero lo hallé poco atinado. Ahora, con más calma, aun me cuesta hilar palabras. Sé que no debería quedar enganchado a esa persona, que era sólo un proyecto de amiga, pese a su trato tan cercano, una sensación de estar pololeando por una noche, algo nuevo, que me descolocó, pero que acepté con un poco de incomodidad al principio. Tengo su número. Ayer la llamé. Me respondió muy amistosamente. Mis dudas sobre el efecto del copete se habían disipado. Horas después, parecía que fuera la misma que conocí esa noche. Al parecer tiene ganas de seguirme conociendo. Yo también a ella. Si todo sale bien, tengo dudas de tener la capacidad de poder retenerla. Si sale más o menos, será mi amiga y me entregará su cariño de forma gratuita, como fue esa noche, porque su cariño y sus brazos sobre mis hombros fueron su gran regalo, porque piensa que soy simpático, porque esa noche me arranqué mi triste historia para ser alguien simpático, porque bailé después de haber dicho muchas veces en mi vida que me apestaba bailar. En ambos casos, tengo la duda de si ella le contará o no a mi amigo cada vez que nos veamos, cada vez que, sin expectativas de por medio, me prepare a saber de qué manera me entregará ella su regalo esta vez. Si esto termina, que no sea silenciosamente y que al menos haya una despedida. Si termina en silencio, será algo muy triste, como el beso que me dio una niña hace cinco años, el único que registra mi vida, para después diluirse en disculpas y reencontrarse con otra persona por la que ella sí dio un peso (y más que eso) como hombre y fundó su familia con casa, hijos y todo. Mi gran alivio fue que por fin alguien se atrevió a dar un peso por mí como hombre. Sentí un cuerpo de mujer apegándose al mío, moviéndose sutilmente al ritmo de una guitarra, nuestras manos juntas, nuestras cabezas pegadas y mis ojos posados en su perfil. Sólo faltó el beso. Y pude ver, aunque muy borrosamente, qué hay al otro lado, tal cual como si me hubiesen abierto una pequeña ventana hacia el otro mundo, ese mismo que las parejas de enamorados que veía en la calle me lo restregaban en la cara.

Espero una mayor normalidad en mi cabeza los próximos días, porque ahora simplemente sucumbí ante un futuro en extremo ilusorio. Creo que será bueno por ahora no hablar nada más.

Si no he escrito nada en otros blogs es justamente por esto, por el efecto embobante de lo que viví esa noche. Espero me disculpen.

(30 de julio de 2004)

Disteclia: Lugar de paso

No sé si quiera ser algún día padre. Muchos no lo saben o simplemente no quieren. Aunque de todas formas da para pensar y darle vuelta por horas. Soy el único hijo hombre y, si no llego a tener nunca nada serio con nadie, el apellido se va a perder. Aunque no es el taaaaaan taaaaaan apellido, no va a ser lo mismo. Aún recuerdo cuando en casa de un compañero de universidad comenzaron a hablar de apellidos y sus árboles genealógicos y que este tatarabuelo llegó desde Escocia, o desde Inglaterra o qué sé yo. Y yo y mi apellido tan común. “¿Es español, verdad?”. Pero lo más triste, bastante más triste que cargar un apellido común, es que me voy a tener que mamar los saludos cada vez que los críos de mi hermana y su pinche europeo (p*ta que van a salir lindos esos críos) me vengan con el “hola tío Willy”. Que “tío Willy” pa allá, que “tío Willy” pa acá. Porque pa lo único que me va a dar es pa ser tío. “¿Vamos a ver al tío Willy?”. “¿Qué te regalará el tío Willy pa la Pascua?”. “¿Vamos a comer a la casa del tío Willy?” Tío Willy, tío Willy, tío Willy, mis pelotas.

De lo que sí, de verdad, me autocompadezco (y sé que es malo y me carga, pero es la verdad) es de que casi nunca, casi nadie, casi jamás alguien me ha visto como opción válida de hombre, como opción válida de pareja, como opción válida de padre. Tuve algunas pinches, varias, algunas experiencias más ricas que otras. Una de ellas volvió con su marido después de estar separada. Otra volvió con su pololo de adolescente y sí, se casaron y son felices. No sé si las usé, aprovechándome del momento delicado e ingrato de ese intermedio en sus vidas, o si ellas me usaron en ese mismo intermedio. Lo que sí pienso con mucha certeza es que me siento un lugar de paso. No un destino, un fin, ni siquiera un medio, un camino que conduzca a algo, sino un punto que otras personas cruzan, se quedan a pasar un rato y luego siguien con su viaje. Mientras, mi propio camino se sigue llenando de cosas raras, gustos extraños, placeres culpables y sin culpa, pero, cómo decirlo, raros, cada vez más alejados de lo que la gente de allá afuera vive, piensa, siente para dentro y expresa hacia afuera. Casi no me gusta la música de ahora, no conozco lugares para salir a comer sin parecer huaso, mis hábitos representan todo lo que otros ven como fome y soso. Me convierto cada día más en un ser más distinto, más raro, que día a día se aleja más de los cánones que la sociedad impone como “ser social”.

Veo tan difuso el futuro que hoy no me proyecto. Y esto daría para seguir largo, así que mejor sigo otro día.

(9 de marzo de 2014)

5 de agosto de 2015

Disteclia: Ponerle alma

Hoy tenía doble consulta médica. Dejémoslo en “médica”, para qué entrar en detalles. Llevé todo el día una videocámara de mano. Tome algunos cortos desde el piso que trabajo, en el Metro, en el paradero del Transantiago, en algunas esquinas más, luces de autos, gente, fin de la jornada, edificios, Apoquindo y su gente pasando rajada en sus todoterrenos. No sé por qué lo hice. Tal vez para tenerlos por si acaso. Tal vez para usarlos en un video que a su vez es una excusa para comunicar otra cosa.

Extraño hacer vídeos, pero no quiero, me niego absolutamente a retomar todo donde quedó.

Básicamente mis caminos en un comienzo son dos: hacer de esos videos cortados donde se habla súper rápido, se actúa, se hace travestismo si es necesario y terminan campantemente suplicando un “me gusta”, un twitteo, un favoriteo, un “suscríbete”. O bien, darle una vuelta más y tratar de “ponerle alma” a lo que trato de comunicar. Sacar la cámara del rincón del cuarto y llevarla a la calle, al mundo de afuera y que esas imágenes, esos lugares, provoquen o gatillen “algo” dentro mío. Algo que tengo la esperanza de que aún haya un rastro, un raspado de lo que era y que se durmió, por años, por privilegiar otros asuntos, en otros tiempos, difíciles, en que no había otra opción que hacer lo que había que hacer para que en un futuro todo fuera mejor. Lo fue, un día llegó el cartón académico, el trabajo, la adultez, pero perdí años postergándome.

Dicen que la creatividad se va con el tiempo y que hay que ejercitarla para no perderla. Sinceramente, hacer videos como los que haría un teenager simplemente no me acomoda y ya no es opción. Suplicar favoritear, twittear, likear al final, menos. Meterse a comentar a cada video que llegan a pisar en la vida, peor. Lo entiendo, así es como se llega a tener 100, 500, 1000, 100000 suscritos y talvez la fama. No lo niego que veo a muchos de ellos, algunos con creatividad, o recursos, o un gran equipo detrás, o una mezcla de todo eso. Y me he pasado estos últimos tres meses viendo mucho, mucho videolog.

El momento cúlmine es cuando su obra llega a la tele. No de la forma “tradicional”, sino más fácil: conectar el laptop al TV. Las TV de ahora permiten eso. Gran parte de los vloggeros ya producen en HD. Con muchos me río a destajo. Otros me dejan pensando. Pero todos me dejan la impresión de que más temprano que tarde lograrán ser “la nueva tele”. El mismo tiempo que ha ocupado tradicionalmente un producto realizado con recursos y figuras de fama, ahora lo está ocupando en mi pantalla un simple mortal con una cámara en frente que invirtió un par de horas o una tarde completa en elaborar un mensaje y subirlo a Internet y que, salvo costos inherentes y obvios, no le costó un peso.

Es la nueva tele. Me gusta la idea. Pero cuál será la manera de entrar, siendo fiel a mí, desde lo que soy y desde donde estoy. Con alma.

(29 de mayo de 2012)

2 de agosto de 2015

Clave Segura Podcast

El tema es simple. El podcast hace dos años entró en receso porque el servicio de hosting cerró y no había otra alternativa tan shuper-hiper-fantástica-de-la-vi-da para continuar. Eso, salvo el Internet Archive (archive.org), que virtualmente era (o es) ilimitado pero en el cual, como buen servicio internacional, que se rige por leyes estrictas, en particular el copyf*ck, hacía un poco más "rebuscado" producir. No hice nada por un mes hasta que saqué Clave Segura, un programa de no más de 5 minutos con un tema particular presentado en forma compacta pero con cierta dosis de histrionismo (que podría derivar en sarcasmo, pero creo que nunca llegué a tanto). Hacía podcasts semanalmente y al poco andar lo mandé a iTunes. En poco tiempo apareció en "Nuevo y Destacado". Lo raro es que con eso uno esperaría una avalancha, pero los contadores en archive.org aún decían... otra penosa cosa.

Finalmente, aunque hubo una que otra crítica favorable y tenía mucho potencial y mucha vitrina en iTunes para aspirar a más, me dio miedo continuar y lo bajé. Al rato se actualizó el catálogo de iTunes y Clave Segura desapareció para siempre jamás, hasta ahora.

Además el feed del podcast cambió de nombre y entregará todos los podcast de aquí, independientemente de la serie a la que pertenezcan.

Van ahora, otra vez:

Clave Segura #1: "Los regalos flaites" (descarga)



Clave Segura #2: "Los musicales" (descarga)



Clave Segura #3: "Lo mismo, pero más barato" (descarga)