16 de mayo de 2014

Agencia N.A.R.F.: El vendedor de los sopapos más resistentes del Metro

Los vendedores ambulantes son una tradición del transporte público. Desde las antiguas micros de colores, pasando por las amarillas y, aunque quisieron erradicarlos del Transantiago, al final ganó la tradición. Se suben con las más diversas excusas. Hay algunos que sólo se suben a cantar por monedas. Todavía recuerdo a ése que subió en el paradero 25 de Santa Rosa y que a metros de distancia se notaba que no se había bañado en semanas. Otros son los típicos que te quieren pasar una golosina y después te la retiran o, si se las quieres comprar, te reciben la moneda. A veces no se sabe qué está más contaminado, o la ropa del vendedor, o sus golosinas.

Pero era cosa de tiempo que los vendedores se las ingeniaran, como sea, para entrar al Metro, el medio de transporte que, hoy por hoy, y aunque no lo queramos, es el que concentra la mayor cantidad de pasajeros. Y es que casi todo el mundo lo usa. Y eso atrae a estos personajes tradicionales que, en otras épocas, estaban vedados.

Éste llegó creyéndose vendedor, trayendo los sopapos más resistentes del Metro, con una resistencia superior a la de la kryptonita. Y vaya que tenía la razón.

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