25 de noviembre de 2010

El Mundo Casi Real #1: Un café, para el calor

- Me voy a tomar un café pa'l calor...
- Hey, espera... ¿para el calor?
- Te explico...

Y ahí se mandó una explicación que muchos no nos imaginamos siquiera. Resulta que cuando uno siente frío... ¿por qué siente frío? Pues porque en comparación con la temperatura ambiente nosotros tenemos una mayor temperatura corporal y por eso sentimos que el exterior está "más frío". Y con el calor, el mismo cuento: sentimos calor porque tenemos una menor temperatura que la del ambiente, y por eso lo sentimos "más caliente".

Notable explicación. O sea que todo lo que nos han vendido por años y años, esas modelos de bebida gaseosa tomándose el brebaje bien helado y el clásico "¡¡¡aaaaaaaaaahhhhhhhhhhh!!!"... ¿era todo mentira? ¿Se terminará el negocio millonario de las fábricas de helados, así de golpe y porrazo? ¿Comenzarán los "team" veraniegos en las playas a repartir café? ¿El termo será el compañero de veraneo ideal? ¿Comenzaremos a usar estufa antes de salir de casa para no sentir más calor afuera? ¿Tendremos al perro de Lipigas diciéndonos por tele que nos refresquemos "a puro calorsh"? Es que no me calza.

Lo único que podría usar para tratar de confirmar este magno descubrimiento: en cierta época, llegue a tomarme hasta 6 cafés diarios en la oficina. Y en verano. O sea, no es menor la gracia, con 30 grados de calor afuera. Es que en ese tiempo yo era un torrante. Lo admito. Y en mi casa con suerte tenía té. Y en bolsita, pa' más recacha. Entonces tomar un Nescafé todo rasca en vaso de plumavit era top. Pero nunca para capear el calor, cómo se te ocurre.

Hasta que llegó este iluminado con el cuento.

La próxima vez que cocine pollo, creo que lo voy a meter vivo al horno a doscientos grados de calor y cuando lo saque le voy a preguntar si siente frio o calor. Lo único malo es que, no sé por qué, pero me tinca que no me va a decir ni pío.

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