31 de julio de 2008

Autoreverse: Good Stuff



De la época en que todavía existía Mas Música (y lo pasaban por la radio Concierto) y pasaba tardes enteras con el dedo en el REC de la casetera. Ocupando un lugar destacado en el altar de mis canciones pegotes de todos los tiempos. Y eso es mérito más que suficiente para merecer un Repeat.

En Repeat:
The B-52's - Good Stuff (1992)

30 de julio de 2008

Aquí se equivocaron de pato


Como que alguien en Telefónica escuchó un pato y no supo dónde. Mención honrosa, la descripción de Los Simpson: "Comedia. Las aventuras animadas de una familia profanadora".

Para por favor con el cuac.

29 de julio de 2008

De máquinas del tiempo y dinamantes


"La Máquina del Tiempo" (タイムボカン). Una serie de animación japonesa de culto, que tuvo apenas 61 episodios, pero que muchos recordamos haber visto. ¿Cuál era la historia de estos monos? El Profesor Kilovatio, luego de años de investigación, había logrado hacer realidad su sueño: una máquina del tiempo. El viaje inaugural fue todo un éxito, salvo por un detalle no menor: sólo Cotorrín (un loro que el profesor tenía por mascota) vuelve al presente dentro de la máquina, en cuyo interior venía además una piedra preciosa llamada "dinamante", que era 1000 veces más valiosa que el diamante común. Su nieta, Selena, apoyada por su amigo Cosmo y un robot -que ya no recuerdo su nombre- llamado Toborino, se embarcan en la misión de viajar por todas las épocas en busca del profesor, para luego traerlo de vuelta.

Por otro lado, Ratavari, la antagonista en este cuento, se enteró del hallazgo y alucinó con la idea de obtener más de esos "dinamantes". La idea de ella era seguir a Cosmo y Selena en sus viajes a través del tiempo con la esperanza de que, si los chicos lograban encontrar al Profesor Kilovatio, Ratavari lograría llegar a la época donde existieron los "dinamantes" y hacerse rica. Para ello, logró reclutar a dos idiotas secuaces -de los cuales uno se llamaba Rufino y del otro no recuerdo su nombre Huamaso-, los que para cada aventura tenían que construir otra máquina del tiempo, lo que, básicamente, consistía en fabricar una carrocería-robot-nave gigante en donde pudieran acoplar una cabina que era la que tenía el poder de viajar por el tiempo pero que, curiosamente, nunca se destruía -pese a que el armatoste restante al final de cada capítulo siempre quedaba pa' la cag...-

Cosmo y Selena viajaban en la misma nave que el Profesor Kilovatio inventó, a la cual bautizó como la "Crononave". Esta máquina era una especie de insecto todoterreno con un brazo frontal en cuya punta giraba una especie de hélice que le servía para abrirse paso excavando, así como para defenderse de los ataques de Ratavari.

Hay cosas extrañas que siempre me llamaron la atención de esta serie. ¿Por qué Ratavari no emprendió ella solita junto con sus secuaces la búsqueda de los "dinamantes", teniendo ella otra máquina del tiempo, ahorrándose pelear con la nave de Cosmo y Selena? ¿Por qué, si se suponía que era una serie infantil, Ratavari se vestía tan provocativamente y al final de las batallas con la Crononave quedaba casi sin ropa? ¿Por qué nos llegó una versión con letras árabes?

Supongo que ésas ya son preguntas para las cuales su hora de responderlas ya pasó hace rato. El regalito final es la canción que iba en la mitad de cada capítulo -y que creí que nunca volvería a escuchar-. Aportazo de hawkmr en Youtube, que también subió la intro y el cierre, tal cual lo veíamos en el Pipiripao.






Noches de Alf


En una de las promos del canal Nick dicen que la serie se grabó en el más absoluto hermetismo respecto a quién estaba dentro del traje, y que en Alemania hay un pueblo que lleva el mismo nombre y en el que se tienen que reponer todas las señaléticas cada cierto tiempo, porque los turistas se las llevan como souvenir. Frik. La página de la Wikipedia en inglés sobre ALF habla de una tensión constante en las grabaciones y que el set estaba lleno de recovecos para los titiriteros y que había que reordenarlos, a menudo varias veces para una misma toma, lo que hacía increíblemente tediosa la producción. Un capítulo de 30 minutos tomaba hasta 25 horas en ser filmado. Alf era un títere "casi" todo el tiempo. La excepción eran los momentos en que el personaje corría por el set, los cuales eran producidos gracias a un enano que se metía en un traje de Alf. El resto del tiempo era títere, y los gestos faciales eran radiocontrolados (sí, créalo).

Como ingredientes ingratos, dignos de una "Preto True Hollywood Story", Max Wright (Willy Tanner en la serie) habría manifestado que estaba choreado de trabajar en la serie, básicamente porque tenía que servir de soporte para un mono inanimado que se llevaba casi todas las lineas buenas del libreto. Tanto así que, según Anne Scheeden (Kate en la serie), la última noche de filmación de Alf, Max caminó por el set, tomó sus maletas, subió a su auto y se fue sin despedirse. Jevi.

Cuando TVN pasó la serie en los 80s, yo la veía en blanco y negro. Me pasa algo raro con algunos capítulos de Alf, que no me ha pasado con ninguna otra serie antigua: he llegado a recordar hasta lo que pasaba en mi casa en el momento en que el extraterrestre peludo (que sólo por revistas supe que era de color naranja) aparecía en pantalla. Llevar la tele de 12 pulgadas al dormitorio del segundo piso era una fiesta y cuando era destinada a nuestro dormitorio era como un premio. Pero Alf se veía en familia. Salvo mi viejo que ya en ese tiempo hacía turnos, con mi hermana nos íbamos a la cama de mi vieja y poníamos la tele en el compartimento más alto de un closet rústico que básicamente estaba hecho con los trozos de tablero que sobraban del condominio en construcción donde mi viejo trabajaba. La programación nocturna comenzaba a las 21:30 hrs., y con ella, las aventuras del melmaciano naranja. Como duraba media hora (comerciales incluidos), terminaba a las 10 de la noche y ese era el momento en que el más valiente se tenía que salir de la cama a girar la perilla hacia la izquierda para apagar la tele. Y como buena tele de las de antes, quedaba en la pantalla el resplandor de la última imagen. Y todos a dormir hasta el otro día.

Y esas noches, gracias al bendito cable, vuelven religiosamente cada noche a las 12, por Nick. Es que la nostalgia tira fuerte.

27 de julio de 2008

Autoreverse: No le dijo nada



La canción talvez era chistosa. Era una de las infaltables en los carretes de la media y era catártico el momento en que llegaba esa parte y todos gritando a coro "¡qué cagada!". Y el desenlace, el fin de la historia de la niña que no decía nada, era de antología. ¡La mina era muda! Y no faltará el que opine que es el tipo perfecto de mujer. Porque no te va a decir nada y solo querrá pasarla bien.

En Repeat:
Los Ladrones Sueltos - No le dijo nada (1993)

18 de julio de 2008

Prende la Antú: Las mil bolsas de productos Dos en Uno


Cuando era chico veía al Marcelo de Cachureos y los chicles Dos en Uno, casi como la misma cosa, indivisible. Incluso llegué a pensar que la fábrica de los chicles Dos en Uno la montó él a puro ñeque y de puro buena onda. Pero no. Qué más cuerdo iba yo a pensar cuando tenía 6 años y a las 10 y media de la mañana estaba clavado frente a la tele. Este tipo hacía su programa y, en el intertanto, te tiraban el comercial de los chicles con puros cabros chicos, cuál de todos haciendo el globo de chicle más grande. Nunca pude hacer globos con el chicle. Para mí siempre el chicle era rico los 5 primeros minutos y luego chao. Cuando terminaba Cachureos, el almuerzo ya estaba listo. El almuerzo de fin de semana era garantía de una comida rica -porque para sopas y otras comidas fomes estaban los días de lunes a viernes-. Pero terminaba el almuerzo y, extraño o no, terminaba la diversión y se acababan las ganas de todo. Aparte de la tele, que se volvía fomísima -porque sin monos animados, qué más fome que eso, claro, salvo las mañanas y SabadoS GiganteS, que darían para historias aparte-, los fines de semana eran una experiencia que ojalá pasara lo más rápido posible.

Como nunca me hice de amistades en los lugares donde viví, mis juegos eran más bien autistas, un rato en el patio armando o desarmando cosas y eso sería todo. Cuando me cansaba, entraba a la casa, en donde mis viejos estaban viendo lo que había en la tele. Llegaban a su fin las imágenes ultra-estiradas de un capítulo de Kung-Fu, cuando irrumpe nuevamente Marcelo con su discurso de todos los domingos a media tarde: "Las mil bolsas de productos Dos en Uno van para el hogar... (inserte aquí el nombre de una organización de beneficencia de la que no haya escuchado jamás en su vida)... Ud. siga prefiriendo productos Dos en Uno y la compañía de Televisión Nacional. ¡Y ahora adelante, con más acción!" Al menos por ese rato alucinaba con las mil bolsas. Era como ganar un premio grande, no de plata sino de dulces. Con el tiempo pensé que en verdad esas 1000 bolsas no eran tanto, y que para una empresa tan grande eran una donación irrisoria.

En cada recuerdo de la tele de antes que se hace, le achacan a Marcelo el ser comercial a destajo y de enchufarles productos a los cabros chicos a cualquier precio. Aún así, me tinca que si Marcelo, en vez de regalar tantos cassettes de Cachureos y tantas bolsas de dulces cada domingo, los hubiera vendido, talvez otra sería su historia.

Como chicle en este momento. Y no, todavía no sé hacer globos.

14 de julio de 2008

Repeat: Obsesiva



Con nueva -y polémica- formación, los míticos Loco Mía (nótese la separación en el nombre) lanzaron en 1993 un disco llamado "Party Time". Uno de los temas de ese disco tenía el sugerente título de "Te lo voy a dar"... o sea... tiene una parte que, cuando la volví a escuchar, me dio ataque de risa: "Te lo voy a dar / te lo voy a dar / te pongas como te pongas / te lo voy a dar / No te vas a escapar / te lo voy a dar..." Demasiado gay. Pero como en ese tiempo no se hablaba de ese tema, pasó piola. Pero el hit, el tema pegote que sonó en todas las discos (y que muchos jamás reconocerían haber bailado) se llamaba "Obsesiva" y contenía varias veces una palabra que nunca supimos qué cresta significaba: abgefarhn. Cuack.

En fin. Aquí está el tema punta de lanza de esa cosa.

Loco Mia - Obsesiva (Abgefarhn) [1993]

12 de julio de 2008

La hora del té


- fotografía original de naama -

La hora del té es la hora del té. O sea, existe el café, el café rico que he tomado con suerte dos veces en mi vida y también el café en polvo, de ese que un día de verano me tomé seis en la oficina. Pero desde el recuerdo de la abuelita preparando té en la teterita o bien tomando de ese mítico té en polvo -que se preparaba con la punta de una cucharadita-, pasando por el té económico que frente a la tele viendo Alf se encontraba rico igual, hasta llegar a la caja de Lipton que compré hace dos semanas en el supermercado -y que mi hermana aún me agradece y piensa que es lo máximo- y el tecito "escuchado" en compañía de un par de personillas -que descifrarán por qué dije "escuchado"-, es que el té no es cualquier cosa. O sea, es la hora del té y es como para tomársela, la hora y la taza. Nada más que una hora sin hacer nada más que tomar un rico té. Debería ser un derecho humano.

No hay como la hora del té. Aunque la gente crea que el té es de viejos rancios y el café de gente joven y bonita que te la tiran en los avisos del metro cuando la gente va a trabajar cagada de sueño -el efecto extra, le llamaría yo-. Y falta la vuelta a la casa en la tarde, en que producto de tomar tanto café, con y sin "piernas", se agarran con el de al lado en el carro del Metro discutiendo quién empujó primero.

¿Le recomiendo algo? Tómese un tecito. Si es acompañad@, mejor.

6 de julio de 2008

5 de julio de 2008

Odiarás la E


Excelente, fabuloso, si no fuera por la E. La "E", de "Expreso", esa que se va por la autopista sin parar entre medio y si te toca bajarte ahí, sonaste, cooperaste no más. 11 de la noche y el paradero estaba lleno. Dos seguidas, a lo trencito. 15 minutos después, dos más, también a lo trencito. Se fue la mitad de la gente que esperaba y los demás quedabamos botados. Los demás, que vivimos entre medio y no nos sirve la "E". Hasta que largo rato después aparece esa que me sirve y que al fin, luego de una hora de espera, no llevaba la "E". Aunque pensándolo bien, ya daba lo mismo. Agarraste la última 211 sin "E" del día.

Y salud por eso. Aunque entre nos, sigo odiando la E. Palo, palo, palo, palo palito palo E... E, E, E, tremendo palo pa la E.

3 de julio de 2008

Memorias con sabor a yogurt


Si hay que recordar yogures y reflotar memoria colectiva, echar mano al mítico yogurt Soprole es una idea que gana por paliza. Nada de Huesitos, ni Yoghito, ni ninguna prostitución del original. El pote de 175 gramos (no el indecente de 125) era el premio de la salida al dentista o del fin de semana. Supuestamente tenía azucar pero, por tradición de familia, siempre se le ponía un poco más. Claro, después de sacar la tapa que era de aluminio duro y, si no se tenía cuidado, podía romperse y cortar los dedos. Sí, extraño, digno de Happy Tree Friends o de Itchy & Scratchy, pero es la verdá. Durante buena parte de los 80s, también existió el Dannon, pero nunca con la fama del Soprole. Porque Soprole durante años fue sponsor de ese programa del guatón copión que... sí, pues, ese mismo, SabadoS GiganteS. El jingle es aún patrimonio nacional:

"Lo podemos lograr,
lo podemos lograr,
si encontramos la fuerza para vencer
y para avanzar.
Todo lo que queremos,
con esfuerzo y con la ayuda
de esas pequeñas grandes cosas
que nos llevan a triunfar"

Poco tiempo después apareció el Nestlé, que en su etiqueta decía que contenía pulpa de fruta. ¿Alguna vez ocurrió eso? Pero pronto comenzaron a aparecer nuevos potes. Porque no todo era yogurt natural, batido y americano... no, no, no, no... ¿Se acuerdan del Requetegurt y su promoción de los Requetepatitas? Admito que aluciné con la de 100 patitas y nunca encontré las tres partes bajo las tapas. A su vez aparecía el Requetefrut, que era, adivinen... yogurt con frutas, que mis viejos me compraban y que yo me lo comía callado aunque nunca me gustó, sí, extraño, por esos pedazos de frutas.

Mientras tanto, Nestlé revoluciona el ambiente con un yogurt juvenil y liquido, Bliss. "Agita tu vida, agita Bliss" era el slogan. La clásica forma de la botella de leche, ahora de plástico y con una tapa que se le metía el dedo, cobraba nueva vida. Pero nunca abría los Bliss rompiendo la tapa con el dedo. Nunca tan cerdo.

Y ya a fines de la década, Dannon cobra nueva vida gracias al mítico Danonino y el perro parlante que se quedaba mudo cuando aparecían los papás. "¿Y por qué te quedas callado cuando está mi mamá?" decía el niño. "¡Porque tenemos que guardar el secreto!" respondía el perro. La mamá se percata de una voz extraña y pregunta "¿Quién habla?". "Fue el peyo, mami", dice el niño. Y se mete otro Danonino a la panza. ¿Quién no soño algún día con comerse dos yogurt de una vez?

Mención honrosa: para fines de los 80s, había un yogurt Leche Sur que era "aflanado", que tenía una consistencia mucho mayor a los otros. De hecho, literalmente parecía flan. ¿Todavía existe Leche Sur? Me parece que no.

Hoy se extraña esa magia, se extraña esa marca tan profunda como la de la canción de "lo podemos lograr" del yogurt Soprole, la cual ya cuesta tanto conseguir reeditar, con las recicladas sin parar de sus ideas clásicas y las nuevas ideas que no prenden a nadie. Soprole, este palo es para ustedes. Y también se extraña esa calidad de antaño. Definitivamente, la experiencia de consumir yogurt se ha degradado. Antes el yogurt era cremoso y daba gusto. Hoy, para abaratar costos, se fabrica yogurt aguachento.

¿Se me fue recordar algún yogurt ochentero? Los comentarios les esperan.

El regalo de hoy es triple. Para comenzar, el clásico comercial de Danonino y su "peyo" parlante.



El segundo video es una rareza. El yogurt Yoplait no es nuevo en Chile. Se vendía a comienzos de los 80s, pero por alguna razón a los franchutes talvez les fue mal y se fueron. Aquí un comercial de ese tiempo. Aporte de erlucho en YouTube.



El tercer video, de tiempos que ni siquiera viví. El yogurt Yely era medio ácido, pero se le ponía azucar y quedaba rico. La tapa era dura, filuda y costaba sacarla. Era el apogeo de las tapas asesinas.



El último... el clásico Soprole "lo podemos lograr". Todo un ícono de la época ochentosa.