26 de octubre de 2008

¡Está despedido!


- fotografía original de Marcio Eugenio (CC BY-NC 2.0) -

Esta semana viví una sensación horrible. Esta semana hubo un aire raro. Tres despedidos en el mismo piso, en la misma semana. Tres despedidos, a los que no los salvó ni su facha cuica, ni su desplante al presentar, ni ser buena tela. Es un misterio el por qué de tales despidos. Es algo que queda en secreto, y para lo que sólo hay conjeturas, chismes de pasillo, calladitos, que no se entere ni la gerenta ni su gente. Y comienzan las hipótesis: que era muy llevado a sus ideas, que se mandó un condoro, que era chanta, que le contestó una grosería a un cliente, qué sé yo.

Esta semana chicos, viví una sensación que no la deja ni un rojo en un examen, ni olvidar a última hora una entrega de un proyecto de la universidad. Esa sensación de que, en cualquier momento, no importa si lo haces bien o mal, no importa si te mandaste o no cagadas, puedes ir al baño o a presionar a alguien al piso de abajo o a la máquina a sacar un café cuando, de pronto, veas aparecer en tu escritorio tu finiquito.

Y cómo será, que ni los propios despedidos saben al día de hoy por qué "los fueron".

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