27 de agosto de 2008

La oficina en que vivimos

Llego tarde, como siempre. Digamos mejor que llego antes que la jefa, que es lo que importa. Se viene un día duro. Comenzamos con harta pega: hay que testear una opción nueva del sitio web que pretenden lanzar en dos días más. Cuando se descubren 10 errores y luego aparecen 20 más... eso no es bueno. Voy a la oficina del lado, y encuentro que todos los chicos allá dentro conversan. Y aunque son todos mayores que yo, les digo chicos igual. Vuelvo a mi silla y no me alcanzo a sentar cuando veo el mono pegado en el computador que me hice como recordatorio de que debo prender la impresora. El delegado de la impresora. Luego de eso, de un café, de ir a saludar y de marearme en cosa de un par de minutos de lo ultimo que vi el dia anterior y que nunca recuerdo. Ahí comienza la pega. Una media horita luego de la hora de entrada. Digamos que es como lo usual.

Es raro trabajar en una oficina a la que no le han hecho cambios en unos treinta años. Un lugar en el que, salvo los cubículos y los computadores, todo es viejo. Es como el mal de tener que estar momentaneamente trabajando en un lugar X porque el lugar que te corresponde lo están remodelando. Y echaron abajo muros para adaptarse a lo que había. Hay varias áreas metidas en ese piso, incluyendo un call center que podría inspirar unos cuantos puñados de posts.

Sinceramente, cada vez que paso por el que debería ser mi piso, siempre me da pena el nivel de abandono en que está, claro, considerando que nos lo deberían haber entregado hace bastante. Un mes dijeron los maestros. Ya van como tres meses de eso. Todo lo contrario es el último piso. Uno llega y es todo nuevo y gigante. Sales del ascensor y te encuentras un bonito muro corporativo. Entras y encuentras una especie de sala de recepción. Más a la derecha están las mesas de dinero y algunas salas de reunión. Y un poco más allá, la sala del directorio. Y creo que la Gerencia también está por ahí. Vez que tengo que ir a una reunión me es facil quedarme dormido y no sé si es por lo blanco o porque duermo poco.

Acabamos de volver del último piso. Da lo mismo si casi me dormí o si anote todo o me faltó algo. Hay pega. Eso le digo a quién la jefa me puso como partner. Hay pega. La frase no acaba de acomodarle, pero me imagino que tendrá que entender que, si no le hablo a ratos, es por eso, porque hay pega.

¿Me van a creer que a veces se enoja?

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