17 de junio de 2007

Petos de colores


Un día de marzo, y luego de mucho dejar pasar el tiempo, le había dicho al fin a mi vieja que necesitaba plata para pagar unos petos de colores que el curso había mandado a hacer. Porque ahora ya no valía eso de "los con polera versus los sin polera", porque ahora se jugaba con esas cosas y porque ahora todos jugaban.

En un derroche de creatividad, los profesores del departamento habían creado un calendario en el que cada curso iba rotando entre babyfutbol, basketball, volleyball y handbol. El gimnasio me parecía triste luego de ver tras una reja muy alta el resto del edificio a medio terminar en que funcionaba el Instituto. Las "catacumbas", como les llamaban. Pero lo más triste para mí era que, de un día para otro, debía comenzar a hacer deportes, lo que no era mi costumbre. Porque "hacer deporte" en el colegio de barrio era muchas veces sinónimo de correr todos en choclón tras una pelota de plástico. Y a mí nunca me gustó eso. Ahora, ya en un liceo grande, la cosa iba en serio.

Mi vieja me decía "tu papá se va a poner feliz cuando sepa que vai a jugar futbol". Y yo me sentía en deuda. Porque mis buenas noticias hasta el sexto año básico tenían que ver con llevarles el 7 cada vez que había entrega de notas y verme recibir a fin de año esos premios de "primer lugar del curso" por los que me gané la antipatía de muchos cercanos. Nunca recibirían noticias de que su hijo "juega bien a la pelota" como los padres de algunos de mis compañeros. La mala fama que yo agarraba no les importaba, si lo que llegaba al final eran buenas notas. A lo más, le restaban importancia. "Es envidia, monito, no les haga caso...", decía mi vieja.

Para el resto del curso, era la alegría máxima cuando terminaban los ejercicios de clase y en la última media hora se iban a jugar babyfutbol o basketball o lo que fuera. Yo, en tanto, esperaba que pasara ese rato lo más rápido posible.

¿Y el peto de color? Obvio que me lo tenía que poner. Nos dividían en equipos y cada equipo usaba un peto de color diferente. Era como la camiseta. Aunque en verdad, esa otra camiseta nunca me la puse...


Fotografía de llanos_karina

7 comentarios:

  1. Siempre me llamo la atención en el colegio ese pésimo manejo de los profes de educación para manejar la angustia de los niños.

    Todo competencia, riámonos del malo, celebremos al bueno...¿Espíritu de competencia sana?

    Yo disfruté de los petos y el fútbol, vi a muchos como tú que lo pasaban mal por lo anteriormente mencionado.-

    Cuídate.-

    ResponderEliminar
  2. Te leo y te entiendo...

    Abrazos!

    ResponderEliminar
  3. Yo igual era de llevar 7 a la casa y nada de deporte. Pero sí me gustaba jugar fútbol, aunque buena nunca fui ;-)

    Saludos!

    ResponderEliminar
  4. Porqué eso del fútbol para algunos niños es tan angustiante?. Es como cuando no te elegian para la capitana.
    Bueno a mi al final me daba igual era tan mala para el deporte, hasta que se dieron cuenta que tenía un soplo cardiaco.. huy. Estaba piteada la niña!!

    ResponderEliminar
  5. Que buen texto, recuerdo que cuando estaba en la seleccion de atletismo el profe siempre se burlaba y hacia que los demas rieramos de aquellos a que les costaba... que profesores no ?

    notable la forma ...
    peor AUN hay idiotas de esa estirpe.

    Saludos cordiales.

    ResponderEliminar
  6. Ni te digo, lo que me bajaba el promedio era "educación física". ¿Existía un ramo más inútil en el formato en que lo practicábamos en aquella época?

    Saludos sangrientos

    Blood

    ResponderEliminar
  7. Ufff, yo también tenía que soportar ese maldito curso de Educación Física. En todo caso, nunca pensé en eximirme. Una lata, pasamos años dándonos costalazos en un cajón, luego compitiendo con básquetbol y después, corriendo como oligofrénicas en contra del cronómetro para dar la nota (test de Cooper). Jamás fue un relajo, ni fue divertido ni era tampoco una forma de aprender a disfrutar la actividad física en medio de la jornada. Y ló irónico es que las cabras que eran secas para el ramo, ahora están más charchetudas y fofas que yo...eso quiere decir que ni a las buenas ni a las malas nos creó ningún hábito deportivo saludable.

    ResponderEliminar