16 de marzo de 2007

Morir en el Metro


Primero los compañeros de metro cuadrado, luego los del vagón y luego más y más personas. Así todos se van dando cuenta cuando pasa algo extraño, cuando un ser humano no da con las exigencias del mundo que llaman moderno y de la ciudad que crece sin que hayamos advertido nunca que las ciudades no crecen gratis. La persona se desploma y -vaya explicación- es la persona la del problema. Y sacan a relucir el preinfarto del año pasado o la enfermedad de no sé cuántos meses atrás como la gran explicación, como si usar el Metro fuera como afiliarse a una Isapre, en la que por cualquier preexistencia, o lo hacen sentir en el cobro mensual o le desean suerte y hasta nunca.

Pero luego, nuevamente el exceso de gente y los brillantes cerebros detrás de esto aconsejan no usar el servicio. Creamos un servicio de transporte amigable con el medio ambiente y estamos orgullosos de lo que hemos logrado, pero Ud. no lo ocupe; prefiera en su lugar un bus clon enchulado repartiendo CO2 a destajo... Así mismo, podría seguir escribiendo estas líneas, pero terminar aconsejándole que no las lea, que haga otras actividades más sanas para distraerse, como hacer deporte, ir de compras o ver farándula barata en televisión. Parece ese chiste rancio sobre las drogas. No use el Metro: somos muchos y hay muy poco espacio. Y si insiste, no respire: somos muchos y hay muy poco oxígeno.

Y no está tan equivocado. Nos convertimos en "adictos" al Metro. Lo preferimos porque nos lleva más rápido a nuestro destino y somos incapaces de ceder en eso. Cada uno de nosotros a los que nos sirve y lo hemos usado por años, nos amarramos a él y no vemos alternativas. Y terminamos "peleando por cada centímetro" de andén o de carro -como siempre dice ese periodista del Canal 13-.

Mañana o pasado se abre el casting para elegir al "don Miguel" del Metro. Acuda a su estación más cercana.

Fotografía: http://www.flickr.com/photos/charlancastor/

1 comentario:

  1. No hay caso, el mundo está cada día más colapsado. Mejor ni pensar en el calentamiento global y otros problemas. Es para puro deprimirse.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar