18 de noviembre de 2006

No te escondas


Fotografía: forteller @ Flickr

No creo que en realidad me esté sucediendo a mí. O debería creerlo, debería reconocer de una vez por todas que me hace falta un amor. Pero uno bueno, uno con quien pueda compartir infinita comprensión e infinito cariño.

Sigo buscándote.

Me siento solo. Son tan pocas las personas que concuerdan con mis criterios para elegir una mujer para toda la vida. Los veo perseguir, como animales, a quien notan con atributos voluptuosos y exagerados.

Talvez no calzas con lo que todos persiguen. Y te escondes. Dime donde te escondes. Sólo dime dónde y saldré a encontrarte. No es posible que mueran en la indiferencia de los demás una carita escondiendo tantas ganas de sonreir, unos brazos con tantas ganas de abrazar fuerte y unos labios con tantas ganas de experimentar el momento sublime del beso. No puedes seguir pasando tus días muriendo en vida. No puede pasar un día más sin que recibas amor de verdad. Te veo en todas partes y lo noto en tu cara larga, en tu apatía frente a la rutina de todos los días, en cada vez que evitas tener que mirarme. Tu apatía se repite tanto y en tantas mujeres como tú. La entiendo, porque ya perdí la cuenta de los días en que la he vivido.

¿Me sonreirás la próxima vez que nos encontremos?

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