7 de noviembre de 2006

Con la masa no hablo


Fotografía: Huasonic @ Flickr

Una de las razones por las que ahora le hablo a un tú es que me aburrió la masa. Tanto va el cántaro al agua. No es mi labor convencer a la masa de una visión personal. No soy ni Dios ni sabio. Aunque por otro lado la masa es bastante idiota. Piensa poco. Es impredecible. Si ya una sola persona pierde el control después de un trago -o unos cuántos-, imagínate de lo que puede ser capaz una masa. Lo que es cierto es que no me llevo con las masas.

Fui feliz durante un tiempo escribiendo como la persona real que mostré. Pero eso ya acabó y ahora me siento mejor escribiéndoTE. Es otra cosa. Desde ahora no pretendo poseer ninguna verdad. En el campo de las opiniones ya no quiero caminar. De la intolerancia de otros me quiero desintoxicar.

Mis cartas van hacia ti. Hacia tí, mujer. Tú evidenciaste mis falencias estos últimos años. A ti quiero hablarte. A ti quiero escucharte.

Pero mis cartas parecieran no ir hacia nadie. O hacia todos, pero ya no más hacia una masa, sino a cada uno. Perdón, a cada una. Porque eso es lo que falta. Eso es lo que nos falta a quienes nos sentimos solos. Odio la soledad acompañada. Y los diálogos de la masa hacia la masa provocan eso; a la larga es esa soledad concurrida, rodeada de gente.

Hecha esta aclaración, ahora sí puedo terminar mis cartas con un beso. Y prometerte algo mejor para la próxima.

Cuidate.

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