25 de agosto de 2006

El comienzo del adios


Espera, deja correrme un poco, así tú me tapas el sol que me está dando en los ojos... Listo. Ahora tú eres mi sol... Consciente de la siutiquería de lo que acababa de decir, me reí. A ella también le hizo gracia. Te quiero mucho, te quiero tanto, niña... Y mientras apagué las neuronas y dejaba hablar al corazón, sujetaba fuertemente su mano. Yo también te quiero. Ella respondía el gesto acariciándome el pelo. Fue demasiado lindo, le dije antes de despedirnos. Lo disfruté. Y estoy seguro que ella también. No cabía paranoia alguna. Lo curioso es que somos amigos y ambos estamos muy seguros de ello. Repito: muy seguros. Además mi salud mental lo necesitaba. Es un amor ella. Un ángel.

Al otro día, luego de una conversación de costumbre en messenger, dije a una amiga media lejana las palabras que pensé que nunca diría. Tengo que decirte algo. Ya no me dan ganas de hablarte de forma espontánea. Antes te comentaba de mis cosas, pero ahora ya no tengo ganas.

Puede que ya te haya aburrido, me respondio.

No me interesa a estas alturas la naturalidad con la que ella se lo tomó. Tampoco mi sinceridad, que a algunos gusta y a otros choca. Comienzo a darme cuenta lo que ha llegado a pesar en importancia en mi psiquis esa cosa a la que llamo el buen afecto. He escuchado de al menos un par de casos en que amigos o compañeros de carrera que pasaban por depresión, una vez que encuentran pareja se olvidan de todo el mundo de amigos para concentrarse en lo que sienten que realmente vale la pena. Dan vuelta la hoja de todas las experiencias no satisfactorias con otras personas, de las amistades que pudieron hasta haber marcado una época en ellos pero que, ante el surgimiento de una amistad especial, con la que vivieron algo especial, pierden toda chance de "competir" y pasan poco a poco al olvido, de muerte natural. Esa amiga que siempre se incomodó y nunca le sacaste un abrazo, esa persona con la que no compartiste más que un par de días o ya no te atreviste a hablarle, o la persona que te puso una mala cara o no te encontró la razón en algo que dijiste. Todos ellos pasan al olvido, algunos más rápido que otros, y es desde ahora una sola persona -no dos ni tres- la que ocupa el lugar de honor en tu vida.

Cuando dije esas palabras sentí que un lazo de años, pero del cual nunca pude obtener lo que pretendía, se estaba perdiendo talvez para siempre. El lado racional quiere dar vuelta la página pero el lado afectivo se lo impide. Y ahí están todavía jugando al tira y afloja. Es el comienzo del adios.

3 comentarios:

  1. yo crei que te ibas del blog me asustaste jejej tienes razon a los que hemos sufrido tantos fracasoso amorosos nos cuesta creer en una amistad sana y verdadera

    en todo caso yo lo estimo mucho y ud lo sabe oiga el sabado 9 hay asado blogger toy dentro de la organizacion asi que ute tiene que estar ahi
    ya besitos

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  2. Yo soy de losque siempre ha creído que uno sabe cómo empiezan las cosas, pero no cuando terminan... y es fuerte llegar a un estado de lucidez extrema, absoluta, como para saber que algo ya no es como era, que aquello que uno conoció ya no es lo mismo, y que tal vez debe "morir"...

    No es un asunto fácil; ojalá estés bien, a pesar de las complicaciones propias de un tira-afloja racional-afectivo.

    Saludos.

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  3. Hay amigas que son mejores que mil pololas juntas... hay amistades que no necesariamente pasan por las garras de eros, y nos marcan de por vida... hay despedidas que son más dolorosas que la más dura patada en el traste de una polola ingrata... hay mujeres... eso es lo importante...
    Saludos del Kiltro

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