23 de junio de 2006

Bolso

Hace unas semanas mi viejo me trajo de regalo un bolso, de esos negros que se cuelgan de un lado. Nunca se lo dije, pero igual quería uno desde hace tiempo. El asunto es que me cambió la vida. Ahora no tengo que sacárme ninguna mochila al subir al bus, por tanto tengo dos manos dedicadas exclusivamente a agarrarme y defenderme de los frenazos sin compasión del amigo operador del bus transantiago (claro, yo creo que ni con tanto frenazo se han dado cuenta algunos que al ser el bus más grande y más pesado tiene mayor inercia, ergo, hay que frenar antes para que alcance el bus a detenerse donde debe). Aparte de tener un tic horrible a tender a llevar la mano a cada rato al cierre de la mochila para asegurarme de que no hubiese sido abierta... ya no más. El bolso delante y se acabó el problema.

El asunto del bolso además me ha traído otras cosas. Como que uno se concientiza más de que está en último año de carrera, porque uno ve a todos los más "viejos" y andan todos con el típico bolso negro colgado de un lado. Al comienzo tenía mis reparos. Pensaba que andar con un bolso así era como gritar a los cuatro vientos "¡vengan a asaltarme y quitarme el laptop!". Flaites no han llegado, menos mal. Lo que sí ha llegado al menos un par de veces son esas promotoras de los bancos que andan como pirañas tratando de convencer a medio mundo (de carreras "pudientes", claro) de que se abran una cuenta jóven. No me interesa, no quiero una cuenta de banco todavía, no la necesito. Así les digo. Lo bueno que rescato es que me hizo creerme más el cuento y este semestre voy a aprobar todo muy dignamente, sin botar ningún ramo. Y a fin de año egreso, por fin. Eso sí es logro.

¿Cosas choras que he descubierto esta semana? Redescubrí del.icio.us. Digamos que conocía de nombre esa cosa desde el año pasado o antes, sólo que nunca entendí qué era ni para qué servía... hasta ahora. De hecho, en tan sólo dos pasos puedo agregar links al blog con los botones que agregué a la barra del Firefox. ¿Còmo? Descúbrelo tú.

¿Cosas nunca vistas esta semana? Nada muy rimbombante ni parafernálico. Sólo que ahora aquí en el Canal se escribe con nombre y apellido. Recuerdo cuando Roberto, que está de acuerdo con esta locura de escribir con nombre real, me decía que el día que ocurriese esto me cambiaba el link. ¿Se acordará?

No veo como gran cosa esto del nombre. Después de todo, hay cosas mucho menos probables de ocurrir. Por ejemplo, aún guardaba como secreto íntimo el deseo de que el oso de Ambrosoli, al llegar a su casa, se sacara la parte de arriba de su disfraz y exclamara "¡por fin se acabó esta h...!" Pero no creo que ocurra. La familia oso de ese comercial deber ser la única que cree que la vida en verdad es dulce. Yo paso.

Para terminar, esta semana he visto a amigos que creía lejanos. Confío más en mí y me quiero más. Y estoy a buen pie para hacer algunas cosas que tenía pensado hacer pero no me atrevía. Entre ellas a dar vuelta hartas páginas...

1 comentario:

  1. William, William, qué agradable decir William, estemos de acuerdo o no. Esa es la gracia, mirarnos a los ojos y conversar, y partir por saber el nombre del otro es un muy buen primer paso para cruzar ese puente.

    Saludos William!

    Roberto

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