28 de enero de 2005

Un sueño raro, fotos para el exámen y los mails multiuso

Hoy dormí poco. Tuve un sueño de lo más freak.

Todo comenzaba con una alfombra mágica que volaba al decir una frase.
Sólo había que decirle "Hay vuelo en Chile" y la alfombra podía volar "mágicamente por todo Chile". El problema es que al llegar a la frontera con Perú, la alfombra ya no volaba más. "Facil", dije yo. Así que dije la frase mágica "Hay vuelo en América" y zas... Asunto solucionado. Luego, aprovechando que el poder volador de la alfombra estaba en un aparato que producía ondas, a uno de mis "colaboradores" se le ocurrió la brillante idea de usar el aparato no para hacer volar una alfombra mágica, sino que para poner al aire una señal de radio. A las palabras "hay vuelo en América" ya teníamos al aire una estación de radio de alcance continental. El problema era que este aparato al usar tamaña potencia obviamente gastaba demasiada energía. En las torres de alta tensión se podía ver y escuchar cómo la corriente pasaba. Esto, naturalmente causó alboroto generalizado y fueron a buscarme a mí para parar todo este impensado "suceso". Así que corrí a través de una chacra hacia el otro extremo en donde estaba el aparato conectado a desconectar todo el sistema. El camino era laaaaaaarguísimo y cuando llegué y desconecté el aparato quedó todo a oscuras y pude escuchar como del otro lado llovían aplausos y gritos de felicitación. Creo que de ahora en adelante escucharé menos onda corta en las noches...

Desperté como a las 7 (el sueño era corto y la verdad es que poco me interesaba el futuro de la estación de radio después del shutdown). Obviamente, tenía sueño. Ahí me acordé del mail que me mandaron ayer por el asunto de las fotos que tenía que entregar en mi universidad para dar el -pateado hasta el último- exámen de licenciatura. En la dirección de docencia creen que con mail se puede arreglar todo. Qué tal si no tuviera configurado el mail para que mande avisos al celular. No tengo internet en casa y no vengo a la universidad todos los días para leer mi mail. Me acuerdo que de asistencia socioeconómica me llamaron al celular cuando tenía que ir a buscar el pagaré para el crédito. Falta una pequeña pizca de "sentido común", parece... o al menos que baste para enseñarle a alguna gente que los mails no son multiuso.

Me siento perdiendo el tiempo. Más aún que mi cita de las 6 se excusó y voy a tener que hacer hora si quiero ir al encuentro blogger de las 8. Todo mal. Podría aprovechar de ir a sacarme la foto carné al centro pero no tengo ni ganas de ir. En realidad no tengo ganas de nada.

P.D.: Hoy llamó a la Rock & Pop una tal Rocío al programa de la mañana para hablar de los blogs. Me dio mucha lata que ella no pudiera romper el mito de que los blogs son sólo para los computines o que es una pérdida de tiempo o qué se yo. Finalmente al cerrar el llamado, Pato Cuevas dijo irónicamente "me quedó super claro". Vuelvo a decir: todo mal.

25 de enero de 2005

Relaciones freak padre-hijo

Bien, he vuelto. Saqué la cebolla del radio.blog y puse algo más decente. Recordé en qué caja había guardado los CD (porque todavía no nos cambiamos de casa) y más precisamente que tenía todavía la copia de un CD que me había prestado la Coto, "Songs From Dawson's Creek". Igual de cebolla, pero harto más decente.

La polola de mi viejo ya no vive con nosotros, pero sigue visitándonos cada fin de semana. El sábado pasado mi casa estuvo más que revolucionada, porque a ella se le ocurrió traer a todos sus hijos, 3 chicas teenagers y 2 revoltosos. Al otro día mi viejo me preguntó qué tal me había caído y yo no pude ocultar que me descolocaban un poco, que no estaba habituado a relacionarme con chicas teenagers ni con revoltosos y que me daba lata que uno de los revoltosos anduviera diciéndome cosas del tipo "te gusta la [aquí va el nombre de cualquiera de las 3 chicas teenagers], te caché..."

Pero hay algo que me tiene preocupado. Siento que mi viejo está celoso de mí, que le pueda quitar a su polola... o sea, igual es bastante joven ella, tendrá sus treinta y tantos, le gusta la misma música popera ochentera que a mi, es cariñosa... como yo... en fin. Ayer yo iba a comprar al almacén de la esquina y ella se ofreció acompañarme... pero no pasaron 5 segundos y mi viejo salió a proteger su territorio... o sea, esto ya da pa un buen culebrón... o no? Yo lo disimulé con una risotada. Personalmente sería impensado para mí terminar emparejado con ella... Yo, personalmente, creo que mi viejo está viendo demasiadas telenovelas y le recomendaré que en la tarde se ponga a escuchar música. Es más sano.

En todo caso, es esperable. Yo que no confío muchas veces en mi viejo. Y el ahora en las mismas, desconfiando de mí. Sucesos recientes me confirman que el cariño para mí no está precisamente en mi casa. Pero eso... ya da para otro cuento.

21 de enero de 2005

Regreso al mundo real.

Porque donde estuve definitivamente no era un mundo real. No. Hasta que sales a la calle.

Todas mis misiones han tenido un ingrediente amargo, pero lo de este año fue un hoyo. No creo que me queden ganas de plantearme de la misma manera para la próxima. Talvez no haya próxima. Y uno se tiene que comer completitas las palabras que algún día recibió: "te recomiendo que no vayas". Lo más triste de todo es que tendré que pensar, hacer el balance de lo bueno y lo malo y decidir si vale la pena seguir siendo misionero o llenar mi vida con otra cosa. Porque no puede ser que otra vez más se repita el mismo cuento del misionero-niño-problema, que juega a freakear al resto y, ayudado por uno que otro rollo personal de los otros y la misma presión y cansancio que implica ser un misionero peregrino, terminar rompiendo los lazos dentro de una comunidad y haciendo desear a mi jefe de comunidad nunca más volver a serlo. Mis gritos se los llevó el viento. Mi firme decisión de dejar de ser cristiano católico se hizo añicos cuando después de mi rabia vi un corazón de estrellas en el cielo. Seguramente el de arriba no quería que yo lo dejara plantado en su plan y por ello volví a tomar mi cruz, la misma que en un arrebato mandé al bote de basura (literamente).

Juro que nunca imaginé las consecuencias de mis actos.

Los quiero a todos. Y ojalá que las cabras chicas misioneras... (calla Pretoriano, calla...)

5 de enero de 2005

Festival de la Una y rompiendo el mito

Anoche sin nada que hacer (en realidad tenía que guardar mis cosas para la mudanza, pero me dio flojera) terminé viendo la primera edición del programa ExpedienTV en TVN, dediacda al mítico programa "El Festival de la Una" que estuvo en el aire entre 1979 y 1988. Y volvieron a verse en pantalla los ingredientes clásicos que para alguna gente componen lo que fue uno de los programas más freak de nuestra televisión, como cuando Maluenda invitaba a las modelos del programa a comer salsa de tomate cruda, la participación de las "abuelitas" en el público, y un largo etcétera. Pero quiero dejar de lado lo obvio que podría decirse de este programa -y que ya es parte del inconsciente colectivo de mucha gente- para comentar el intento (al menos) de los realizadores de esta serie de dar a entender o decir explícitamente que la televisión de antes es tan conflictiva como la de ahora, que las luchas por mantener sintonía, los rumores y las peleas entre el staff de un programa ya existían en el medio televisivo desde antes, por lo que no son producto de la aparición del polémico People Meter. Un mito que los realizadores de ExpedienTV están intentando romper y que hasta el día de hoy casi ninguna persona de más de 25 o 30 años querría romper, pensando sin dudarlo siquiera que, como dice el dicho, "todo tiempo pasado fue mejor".

El conductor del espacio se quedó con la palabra "nostalgia". Pero para mí, más que eso, fue un rompemitos. Un intento por subirle el pelo a la decadente televisión actual, diciendo entre líneas que "siempre fue así". Punto.

3 de enero de 2005

Familia enferma, abrazos tristes

Los años nuevos en mi familia son tradicionalmente fomes. Ibamos a ir a ver los fuegos artificiales de la torre Entel pero a mi hermana no le gustaba la idea, talvez porque ella sí que es media elitista y no paraba de decir que íbamos a estar en medio de todos los flaites. Así que no fuimos.

La tele mostraba un carnaval de tetas y potos y un locutor en off a cada momento gritaba cuántos minutos faltaban, además de una que otra frase para el bronce. Recuerdo que cuando era chico y estábamos los cuatro, mi viejo ponía la música fuerte, se hacía la mega-cena de año nuevo, estrenábamos ropa nueva y todo esto no importando que hubiera poca plata. Siempre se hacía algo. Ahora no. Se espera el año nuevo viendo tele y después de las 12 se ven los fuegos artificiales también por la tele, pese a que por aquí también hay de esos fuegos. Pero como el cerro desde donde se tiran está lejos y hay otro cerro en medio que lo tapa todo, ni me molesté en salir a verlos.

Cuando falta un minuto para el gran momento gran, mi viejo tiene ganas de estallar en llanto. ¿Por qué? Porque, por un lado, es viudo y echa de menos a mamá. Por otro lado, había planeado con su polola que nos juntáramos todos en la torre Entel pero como ya dije, mi hermana no quería. Y por último, siempre hay que hacerle un espacio a todo eso que mi viejo se guarda dentro y no suelta. Mi viejo es imágen de mí en casi todo. Después el abrazo y mi viejo diciéndome "confíe más en mí, atrévase a confiar en su padre..." como si para mí fuera tan fácil.

En mi casa los abrazos de año nuevo no son felices. No es que me esté quejando. Es que ya no están los tiempos...

Mi viejo siempre decía que, cuando se pusiera a pololear de nuevo, nosotros seríamos lo más importante. Y así fue.