13 de diciembre de 2005

Las luces de la navidad


Cuando era chico siempre me preguntaba cuál era la magia que hacía que las luces del árbol de navidad funcionaran intermitentemente, primero encendían algunas y luego las demás. Me imaginé que tenía que ver algo con la manera en que estaban conectadas, esos trenzados de cable verde que sólo los taiwaneses que las fabrican lo entienden, en definitiva una cosa espantosa. Y nunca llegué a resolver tal misterio. En realidad, para qué resolverlo. Sería como tratar de echar por tierra el misterio de un truco de magia: perdería toda la gracia.

Hace algunos días supimos en TV de una persona que instalaba luces de navidad en los postes de la calle. No recuerdo si se cayó del poste, se electrocutó o ambas cosas. El asunto es que muchas veces nos maravillamos de lo lindas o lo bien que funcionan o lo mucho que nos sirven algunas cosas, pero nunca reparamos en lo que tiene que hacerse para lograrlas. Todo cuesta. Y esa sensación de ir en el auto o en la micro a visitar a los parientes y que la calle esté repleta de árboles de navidad, pesebres, luces y adornos varios que hagan pensar en que estamos en un tiempo de paz y felicidad es algo impagable. Al menos para mí. Pero, como todo, tiene su costo. Y no quiero ser trágico, pero eso tan lindo que ves en la calle no vino de la nada. Hubo gente que, talvez por poca plata, se preocupó de hacerlo, a veces arriesgando la vida, para que tú lo disfrutes.



[De 44 Shadow Lane]

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