8 de octubre de 2005

Traté de inyectarme mi viejo optimismo

Todo comenzó en la mañana. No tenía ganas de ir, pero sentía que era una oportunidad de tirar pa' arriba, sin saber que se iba a ir todo a la cresta. Cometí el error de no anotar bien la dirección. Le mandé un mensaje a la Pasto preguntándole por el celular de la Carly. Nunca me respondió. Asumí que se iban a juntar en el Metro Tobalaba. Asumí mal. Llegué a las 12 y media. Le taconeé de llamadas perdidas a la Pasto. ¿Por qué a ella? Pues porque era el único puto número de celular que tenía de algún blogger. Me contestó minutos pasado la una. Venía recién despertándose. Le dejé enchuchado, un mensaje de texto que decía "llamarte a ti es como llamar a una piedra, sorry que te lo diga."

La cuestión es que al final llegué solo. Me alcanzó a decir el nombre de la calle y con eso me ubiqué. Llegué y ya estaba un buen grupo. Ahí fue cuando, como dice el título del post, "traté de inyectarme mi viejo optimismo". Y, obviamente, ese que resultó aún era yo, listo para... dejar la cagá.

Entre los comensales estaba un señor con el que llegamos a un desacuerdo fuerte en relación a un post del otro blog. Obvio que no me iba a pescar. Hablé poco. Y me daba lata porque sabía que tarde o temprano alguien iba a tirarme la talla de que no hablo. Y PARA MÍ NO ES EN NINGÚN CASO UN TEMA QUE MEREZCA CHISTE. Hasta que pasó lo que tenía que pasar.

No me quejo, comí harto. Hasta que llegó la Pasto. Ahí comencé a sospechar algo. Me dio miedo hablarle. Seguí mirando el grupo grande. Para reirme cuando todos reían. Para decir frases redundantes a la eventual talla que alguno tire. Para actuar, parecer pasándola bien mientras tenía esa incerteza.

Después de pagar la cuenta (y donde para variar faltó plata para pagarla) algunos se pusieron a fumar. Como el aire ya se estaba poniendo tóxico, salí afuera. Estuve un minuto fuera y me pregunté si valía la pena volver adentro con los demás. Me sentía mal. Me puse a caminar rumbo al Metro. No me despedí. Lo digo ahora: el primero y el último. Nunca más. Lo siento. Le mandé un mensaje de texto a la Pasto: "El primero y el último. Lo siento.". Recibí de vuelta un "estoy enojada contigo".

En todo caso había poco tiempo antes de la foto grupal, y la decisión era si quedarse a la foto o no. Querer perpetuar el momento o mandarlo a la cresta. Está claro. Primero irme sin despedirme y luego esto. Así que nunca más.

Algunos no lo van a entender. Me van a enjuiciar como siempre sucede. La persona que más me conocía terminó por rechazarme. Qué esperanzas me quedan...

Chicos, hasta nunca.

[De 44 Shadow Lane]

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