1 de agosto de 2005

Lealtad... that's the word I'm looking for!

Acabo de salir de la primera clase de mi primer día de vuelta de "vacaciones". Me metí en un ramo en que hay que trabajar mucho y se pasa pésimo. Todos los que han pasado por él me lo han dicho y ahora es el mismo profesor quien me lo recuerda.

Se me ocurrió tomar Taller de Ingeniería de Software, el ramo pateado una y otra vez y el que, a dos semestres de egresar, ya era hora de tomarlo por fin.

En esta clase introductoria se nos presentaron los seis roles considerados en el desarrollo de software. Y se me vuelve a presentar el dilema de siempre: ¿para qué soy bueno? Sé que programando me esfuerzo, pero lejos estoy de tener habilidades en eso. Así que implementador creo que no seré. Ya tengo en mente qué rol quiero tener, en caso de que no se me ocurra nada más.

Luego de eso, el profesor empezó a hablar de los valores. Creo que hizo una pregunta como "¿por qué son importantes los valores?" o algo así. A quién estaba delante mío le hizo esa pregunta y contestó algo como "lo que es necesario para una buena convivencia" o algo por el estilo. Luego me preguntó a mí y no supe qué decir. Después de todo ya me habían robado la respuesta. Luego le preguntó a un tercero y dijo algo así como que los valores posibilitaban la confianza, porque cuando uno sabe o reconoce valores en otra persona, uno está más deseoso de trabajar precisamente con esa persona. Luego el profesor dijo que los valores nos ayudan a salir de los problemas. Cuando una persona tiene muchas dificultades y múltiples caminos de los cuales no sabe cuál tomar, los valores acotan las soluciones posibles. O algo así.

Luego comenzó a revisar algunos valores importantes en el trabajo en equipo. Y es aquí donde me detengo: "Lealtad". La palabra que andaba buscando. Lealtad es decir directamente a la otra persona lo que pienso de ella. En buen chileno, "no te lo mando a decir con nadie". Y hay varios factores que hacen que se den las deslealtades, entre ellos, la timidez al que yo agregaría el "miedo a herir al otro". Me recordó a las misiones de la universidad a las que fui en el reciente verano y lo que pasó en mi comunidad. Les incomodó mi forma de ser y fui el último en enterarme. En efecto, a mis compañeros de grupo les faltó lealtad. Si lo recordé inmediatamente puede que sea porque todavía me duele. Seguramente me vieron fragil. Y no los culpo. Yo aparento fragilidad todo el tiempo, desde que me hice adicto a los afectos y a demostrar "en público" que soy dependiente.

Como siempre, en todos mis dilemas, la culpa parecieran tenerla todos o no tenerla nadie.

Por cierto, ahora más encima (y otra vez) tengo que demostrar que soy bueno en algo.

3 comentarios:

  1. Hola,
    Tendremos un encuentro blogger el próximo 6 de Agosto...
    Están todos invitados
    Ver el siguiente link -->

    http://faunabloggera.blogspot.com/

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  2. Saludos, gracias por tomarte el tiempo de comentar mis posts. Los caminos de la vida están llenos de incertidumbres, las afectivas son las más mariconas... pero "de qué me sirve la vida si no es para vivirla" como decía un personaje de una radionovela

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  3. Sobre el taller...
    Es harta pega, pero animo que al final las cosas salen y salen bien...
    suerte

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