29 de junio de 2005

Bailando con la hermana

Mis últimas semanas del semestre se ven excelentemente representadas por la frase "últimos días, aproveche". He "aprovechado" de ver a quienes quiero aquí en la universidad, a los pocos a los cuales quiero, y a los cuales puedo demostrar afecto. Además hoy, penúltimo día del mes, me di cuenta que me sobraba un vale de alimentación, así es que compré mi almuerzo como de costumbre y al pagar le entregué dos vales al viejo. Cuando el pobre ya me iba a entregar un contravale, recordé cómo una vez me cagó con 150 pesos y en vez de aceptárselo, en vista de que me sobraban 1000 pesos de los vales, me compré 5 Super 8 Chuaaaaaaa. Ya me quedan tres.

La palabra "sobrepeso" pareciera no existir para mí. Bien por eso. Me consta que metabolismos como el mío son la envidia de mucha gente. En especial cuando mi tía insiste en darme almuerzos de camionero cada fin de semana y me pregunta a cada rato "¿no quiere más carnecita?", "¿otro vasito?"... La cultura popular expresándose "pintorescamente".

Siento que mi familia del otro lado de la calle se preocupa mucho de mí. Me acostumbré a mi metro cuadrado y en mi nueva casa las cosas no son así. Tios que en mi vida he visto se meten a mi cuarto y me preguntan cómo me fue en la universidad, si tengo mucha tarea y todas esas cosas de las que nunca me dan ganas de hablar con otra persona. En resumen, no quiero que me quieran tanto, para así no sentirme tan comprometido a devolver lo que recibo, sin querer.

Anoche le mandé un mensaje a la Clau para que nos viéramos. Tiene el celular malo desde como hace tres semanas. Se mete al MSN pero siempre está "no disponible". Quería conversar con ella largo y tendido como es nuestra costumbre. Veo que tendré que esperar a que termine el semestre. Lo triste es que terminamos hablando siempre de lo mismo, de que necesito a alguien que me quiera, que las mujeres nunca me van a mirar como hombre y bla, bla y más bla. Me resulta aberrante que al final de todo, cuando nos vamos a despedir, ella siempre me dice que le gusta hablar conmigo. No lo entiendo. Me reta, me dice que debería mirar la vida con más optimismo y toda esa volada pero al final dice que le agrada conversar conmigo. Asumo que debe ser uno de esos enigmas sin solución.

Si, pues. Pareciera una contradicción pero es que soy un adicto a los afectos, pero a ciertos afectos, a esos que no existen o se dan muy poco en la normalidad. A dejar un poco de lado el afecto de "familia" y pasar a experimentar otro tipo de afectos, talvez de pareja (el "amor erótico" como suelen llamarle) aunque aún no me siento preparado para eso. Y ya tengo 25.

Penoso. Pareciera ser el síndrome de "bailar con la hermana".

0 comentan:

Publicar un comentario