8 de abril de 2005

Retropost (at my own risk): Inanición

[Noviembre 2001]

Ayer llegué a mi casa como a las 8 treinta o 9 de la noche, pa variar la tropa de vagos de la esquina, pero no importa, llegaría a la casa y comería algo pues estaba muerto de hambre. Cuando entré a mi casa lo primero que sentí fue ese olor a "gato que no sabe donde está el baño". Obvio, como casi nadie está en casa en el día (y el que está en el día... duerme) nadie tiene tiempo de enseñarle al pobre gatito a hacer sus necesidades. Es raro que yo no lo hubiese visto anoche en casa cuando llegué.

Voy a ver qué hay de "almuerzo"... nada... Apenas unos panes de la mañana. Como tengo vales de alimentación en la universidad, y nadie está en casa, casi nunca hay almuerzo. Pero peor es nada, un par de panes con una taza de té serán el sustituto de almuerzo para el día de hoy. De pronto... ¡miau! ¡miau! Escucho un maullido en el patio... ¡pero si es el gatito! Super flaquito el pobre... Le ofrecí un trocito de pan. Lo devoró enseguida, pero cuando le ofrecí el segundo trozo, ni lo olfateó. "No tenía mucha hambre", pensé. Pero me equivocaba, el pobre gato estaba muerto de hambre. Y tenía mucho frío.

Después me fijé si había otra cosa nueva en casa. Milagro, hay dos nuevos videos en casa. Tomo el primero, "Stuart Little"... ¿Qué mal me hará si la veo? La inserto en la videocasetera, me quedo un rato inmóvil, hasta que, después de mi masacre de la prueba de Optimización, decidí que por el momento lo mejor era relajarme un poco. Así es que tomé posición en el sillon, y me quedé mirando la pantalla. A los cinco minutos aparece mi gatito pidiendo un poco de calor. Ronroneaba y tiritaba el pobrecito como es difícil imaginar. Tan difícil de imaginar como el hecho de haber llegado a llorar con la película. Relacioné al momento la película con lo que me estaba pasando: una criatura despreciándose a sí misma, hasta que descubre que en verdad es muy valiosa para "su familia". La diferencia es que yo no relacioné eso con mi familia "real", sino con la "familia" que está comparativamente más tiempo conmigo, los amigos. Es algo muy valioso eso de la identidad de "pertenencia a una familia". Tanto que me emocioné.

Hasta que eran alrededor de las 11 treinta de la noche, y si me quedaba viendo la otra cinta, lo más probable es que al otro día me hubiese quedado dormido. Así es que apagamos todo y... a la cama. Al llegar a mi habitación tengo la tentación de encender el computador, no sé para qué... para escuchar un poco de música, quizá. Y desde el primer piso se escucha un fuerte maullido: ¡MIAUUUUU! Era mi gatito que pedía compañía; talvez, al igual que Stuart, él quería sentir esa sensación de "ser de la familia", de sentirse apoyado, algo difícil en mi casa, donde nadie "está" y donde no se acostumbra hacer almuerzo, como creo haber dicho ya. Nunca escuché al pobre gatito maullar tan fuerte como esa noche. Puse algo de música en el computador, era una canción triste. No hay remedio, estas horas serán para reflexionar un poco. Me paro de la silla y el gatito que estaba sentado en mis piernas y tiritando como nunca, se agarra con sus uñas a mis pantalones. Tenía que hacer algo. No hay nada para darle de comer. No importa... al menos podría darle agua porque de seguro tiene mucha sed. Bajo al primer piso, busco un platillo y le doy algo de agua. Pero no ví nunca al gato tomar siquiera un sorbo. "Ya tomará", me dije, y volví a mi dormitorio. Puse la radio y casualmente encontré música reflexiva. Como es mi costumbre, a los segundos de aquello, ya estaba tirado sobre mi cama, con un sueño enorme. Entonces me dormí.

Al otro día, pese a mi precaución de no ver la segunda cinta, me había quedado irremediablemente dormido. Pero antes de irme, noto que mi gatito estaba con sus ojos redondos mirándome y extendiendome una de sus patitas. Se la tomé y estaba fría. El gato estaba inmóvil, como muerto. Me entristecí mucho. "Muerte por soledad", me dije. Es común sentirse solo y menospreciarse. A veces se tiene suerte como Stuart, otras veces no es así, como sucedió con mi pequeño gatito negro, Salem.

Son las dos caras del gran cuento de la vida.

3 comentarios:

  1. verdades verdaderas...

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  2. el tema de la soledad es muy potente... que triste lo de Salem
    :(

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  3. Al menos está en el cielo de los gatitos...pero igual me da tristeza... snif...

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