6 de febrero de 2005

Divagación fominguera

Estoy haciendo cosas que no hago o no debería estar haciendo. Reviso el Mercurio de hoy domingo. Nunca compramos ese diario. En realidad nunca compramos ningún diario. Sólo hoy, para ver los avisos económicos a ver si sale el aviso de alguna casa que valga la pena arrendar. Escucho música clásica. Con audífonos. Talvez porque es la única cosa que puedo escuchar que no me recuerde mi vida de siempre. Hacer lo que no se hace nunca. Parece ser una terapia de lujo para desconectarse de la vida que uno lleva hasta el momento. Pero no. Avril Lavigne en la otra pieza y a todo volumen no me ayuda. La entiendo. Mi hermana también se siente como el traste. Mi familia estaba afirmada con alfileres. Estaba. Ahora pareciera que tiene una firmeza similar a una torre de cartas. No vayan a soplar...

Más rato voy a salir. Pero de la manera que salgo yo, es decir, sin salir. Me voy a ir a dar una vuelta por el Parque Arranco o el Alto No Sé Cuánto a mirar ese otro mundo, porque ya bien aburrido estoy de éste. Veo a una amiga que está con su club de Lulú compartiendo un café, conversando de cosas de mujeres, ah, esos asuntos... Me saluda desde lejos. Siento que me quiere. No me acerqué porque siempre me han incomodado los clubes de Lulú. Me doy una vuelta para dirigirme a una máquina de bebidas, pero me detengo. La Maca de las misiones volvió de sus vacaciones y se dirige a una de las máquinas. A la entrada de unas monedas le sigue la sonora salida de una lata de Coca Light. Me mantengo a distancia. Debo ser prudente. Después de todo, talvez aún crea que soy un pervertido, psicópata o algo así, por lo que no creo que sea una buena idea tomar la iniciativa. Pero lo que sigue se sale de todos mis planes. Da media vuelta y se dirige a donde estoy yo, caminando como si nada.

- ¿Cómo te va?
- Bien - respondo, aunque los sucesos recientes en mi familia me tienen hecho mierda.
- ¿Has visto a alguien más de misiones?
- A nadie, ni siquiera he salido de mi casa, pero me sentía un poco mal y por eso salí...

La conversación me incomodaba más a cada segundo que pasaba. Había que terminarla ya, pero no atinaba a nada.

- ¿Recibiste el mail del [...]? Va a haber asado de misiones en marzo...
- Sorry, pero no creo que vaya. Me voy a dedicar a estudiar, mejor será... Y disculpa que me tenga que ir, pero es que tengo que ir a hacer algunas cosas por aquí cerca, unas cuadras más allá.
- ¿Te puedo llevar? Ando en auto y ya me iba...

Al poco rato, ya estaba dentro de su auto y me imaginaba mi futuro. Una salida nocturna o mi trabajo de todos los días. Aprovecho el rato que la Maca sale del auto a comprar a la farmacia. En cinco minutos alcanzo de sobra. Salir sin salir. Es mi arte. Así que en un segundo me encuentro manejando el auto y saliendo del estacionamiento a dar una vuelta mientras la Maca compra sus cosas. En el asiento del copiloto veo un maletín. "Ese maletín no es de la Maca" pensé. Era un color café oscuro. Lo abro y me sorprendo al notar que la chequera lleva mi nombre. En otros compartimentos veo un Mercurio del año 2009 y una carpeta con algunos proyectos. No me reponía de mi asombro por haber dado tal salto espacio-temporal... cuando me encuentro a pocas cuadras con cierto personaje parado en la esquina. Me pareció familiar. No es muy seguro llevar a cualquier persona que uno se encuentra en la calle -menos aún si el auto no es de uno- pero su problema era evidente. La clásica pana del tonto.

- Buenas tardes. Sabe que me quedé en pana y no conozco mucho estos lados... ¿No sabe dónde hay una bomba de bencina por aquí?
- Yo tampoco conozco mucho por aquí, pero creo que hay una Copec a unas 10 cuadras de aquí, por Manquehue. Si quiere lo llevo.

Al comienzo me asuste por la Maca y porque no iba a alcanzar a estar de vuelta para cuando saliera de la farmacia, pero luego pensé que estaba en el año 2009 y que de seguro ya hace harto rato ella había salido de allá. Así que me despreocupé y "llevé" a este tipo a buscar combustible. Cuando ya habían pasado hartas más de 10 cuadras, me detuve y le dije:

- ¿Sabe que? Como ya le dije, no conozco mucho este sector y pasamos las cuadras y no veo ninguna bencinera, pero antes que se vaya tengo algo que entregarle.

Medio molesto, medio sorprendido, me continúa escuchando. Volteo hacia mi maletín y desarmo un fajo de billetes. Saco algunos, los cuento y se los entrego al sujeto. No me gusta aprovecharme de la gente ni quedar debiendo plata. Le dije al sujeto que mi viejo hartos saludos le mandaba. Hace cuatro años le quedó debiendo unos dos meses de arriendo. Así que no me interesaba mantener una deuda así por más tiempo. Le entrego los billetes que había sacado del maletín. Quinientas lucas. Quise darle más porque ya habían pasado cuatro años y los intereses y que la plata obviamente vale menos ahora que antes y todo eso. Le digo que con esa plata le alcanza de más para un taxi. Luego pongo el auto en marcha de nuevo y vuelvo a detenerme unas cuadras más adelante. Miro por el retrovisor. Me acuerdo cuando este tipo basureó con mi viejo esa vez y ahora me correspondía a mí basurear con él. Pobre huevón.

Luego, por curiosidad, vuelvo a abrir el maletín. En alguno de los documentos que contiene tenía que estar escrita la dirección de mi casa. Cuando estaba en eso, mi amiga del mall me golpea el vidrio. Le abro la puerta del lado, nos abrazamos y cuando nos despegamos me di cuenta que algo faltaba y me puse a mirar por todos lados. El maletín no está. Pero encuentro la sección de económicos del Mercurio con varios avisos marcados. Veo la fecha: 6 de febrero de 2005. Vuelta al retrovisor y viene una patrulla de Carabineros metiendo ruido y la Maca dentro apuntando hacia nosotros. Seguro que cree que, aparte de pervertido, me aproveché de ella y su confianza y ahora soy ladrón porque le robé el auto.

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