28 de diciembre de 2004

Como nunca antes, quiero ir a la pelea

Vengo llegando de acompañar a mi amigo puentealtino con su nueva pior-es-nada y con el violín en la mano. No le faltan. Creerse el cuento hace la gran diferencia. Digamos... si yo me creyera el cuento ya estaría "egresado" como casi todos mis amigos de primer año de la universidad que cuando se conectan al MSN les encanta poner la palabra "egresado" al lado de su nick. Terminando el magister y aceptado en el doctorado. Hácete esa. Más encima con esa nueva idea de formar una empresa de consultoría estadística... sin duda este chico se las trae. Me doy cuenta de todo lo que este chico ha obtenido en su vida, me acuerdo que salió de la enseñanza media con un 5,3 y yo con un 6. Me veo empantanado en ingeniería civil con 2 años más por venir. Creerse el cuento, dar la pelea, hace la gran diferencia. Si estoy donde estoy es porque no me gusta dar la pelea. Llamarme Pretoriano es una paradoja. Pretoria es una ciudad de Sudáfrica que estuvo entre el siglo XIX y el XX en guerra. Los pretorianos daban la pelea. En cierta medida soy la oveja negra. Soy el guerrero que no pelea y que le da lo mismo. O debiera decir que "le daba" lo mismo. Y me digo ¡ya está bueno poh! Y debería empezar a darle la pelea a la vida. Soy el típico gil que no entrega una tarea cuando queda un día para la entrega y no ha hecho nada, en lugar de hacer lo que alcance. Soy el típico gil que sabe que merece más puntaje pero que nunca manda a recorregir una prueba. Soy el típico gil que disfraza la flojera por desestresamiento.

Por suerte mañana va seguro el McPicnic...

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